viernes, 29 de mayo de 2020

La madre de Frankenstein. Almudena Grandes

Título: La madre de Frankenstein
Autores: Almudena Grandes..
Editorial: Tusquets Editores, S.A.
Colección: Andanzas. Episodios de una guerra interminable.
ISBN: 9788490667804
Fecha 1ª edición: 4 de febrero 2020.
Páginas: 560.



“He escrito este libro en memoria de todas esas mujeres que no pudieron
 atreverse a tomar sus propias decisiones sin que las llamaran putas,
que pasaron directamente de la tutela de sus padres a la de sus maridos,
que perdieron la libertad en la que habían vivido sus madres para
 llegar tarde a la libertad en la que hemos vivido sus hijas”
 (La madre de Frankenstein. Almudena Grandes)



“Aquel que reza para cambiar un suceso que ya ha ocurrido, reza en vano, pues ni siquiera Dios puede hacer que el tiempo retroceda” (El Talmud).




A mi linda flor de los Andes como siempre, para siempre y por siempre.



Cada vez que me siento ante el ordenador para escribir estas críticas literarias no puedo evitar que me atenace una sensación de responsabilidad que, en algunas ocasiones, llega a ser asfixiante. Y ésta, sin duda alguna, es una de ellas. Conforme avanzaba en la lectura y análisis de “La madre de Frankenstein” de la gran escritora madrileña Almudena Grandes, me sentía como en una montaña rusa de sensaciones que, ora conseguía embargarme, ora me arrobaba, subyugándome en algunos momentos, ora me dejaba una indefinible sensación de una cierta insatisfacción. Pero sin duda alguna, lo que más desasosiego me ha producido al cerrar el libro es recordar las magníficas y encendidas críticas, casi unánimes, recibidas por mis ilustres colegas de profesión que, sin duda alguna, tienen un mayor conocimiento y profundidad de análisis que este modesto bachiller, ponderando esta novela como, probablemente, la mejor de su autora. Sin embargo, lo que para mí es indubitable, lo que representa la esencia de toda una vida dedicada a la literatura es la honestidad. Sí. La honestidad y la responsabilidad con mi conciencia y con los eventuales lectores de esta reseña. A lo largo de esta crítica podré desarrollar y argumentar, con más detenimiento, en qué sustento estas opiniones.



Para intentar avanzar en el estudio y disección de esta novela, creo que es importante detenernos en el subtítulo de la novela en la que Almudena Grandes nos va a dar la clave temática que va a desarrollar en el libro. El título completo de la novela es “La madre de Frankenstein. Agonía y muerte de Aurora Rodríguez Carballeira en el apogeo de la España nacionalcatólica, Manicomio de mujeres de Ciempozuelos; Madrid 1954-1956”. Este subtitulo ya es toda una declaración de intenciones que nos da la pista, el tenor, el marco temático por el que va a discurrir la novela. Que no hay que perder de vista que a su vez está inserta en un marco general mucho más amplio como es ese magno y encomiable plan que son los “Episodios de una guerra interminable”. Homenaje evidente, por parte de la autora, y nunca suficiente para todos los que amamos la literatura, a la figura de D. Benito Pérez Galdós. Más adelante, cuando entremos al fondo del análisis me gustaría extenderme algo más en la figura de Galdós y su influencia sobre esta novela que, en ningún caso es baladí.



Como ya es habitual y siguiendo la metodología y el rigor propio de un análisis literario y con la intención de enmarcar el objeto de nuestro estudio voy a proceder a transcribir la sinopsis argumental de “La madre de Frankstein” que nos propone la misma editorial Tusquets:



“En 1954, el joven psiquiatra Germán Velázquez vuelve a España para trabajar en el manicomio de mujeres de Ciempozuelos, al sur de Madrid. Tras salir al exilio en 1939, ha vivido quince años en Suiza, acogido por la familia del doctor Goldstein. En Ciempozuelos, Germán se reencuentra con Aurora Rodríguez Carballeira, una parricida paranoica, inteligentísima, que le fascinó a los trece años, y conoce a una auxiliar de enfermería, María Castejón, a la que doña Aurora enseñó a leer y a escribir cuando era una niña. Germán, atraído por María, no entiende el rechazo de ésta, y sospecha que su vida esconde muchos secretos. El lector descubrirá su origen modesto como nieta del jardinero del manicomio, sus años de criada en Madrid, su desdichada historia de amor, a la par que los motivos por los que Germán ha regresado a España. Almas gemelas que quieren huir de sus respectivos pasados, Germán y María quieren darse una oportunidad, pero viven en un país humillado, donde los pecados se convierten en delitos, y el puritanismo, la moral oficial, encubre todo tipo de abusos y atropellos”.



Empezaré este análisis literario por el final. Me explico. Me ha parecido interesantísimo ese capítulo final, a modo de epílogo, titulado “La historia de Germán. Nota de la autora”. Me ha interesado sobremanera porque la autora en primera persona nos ha permitido acercarnos a la génesis del proceso creativo, a ese momento “mágico” de la creación literaria. Contemplaremos cómo la autora levanta los cimientos de su novela a partir de determinados hechos reales y una prolija labor de documentación y cómo va tomando forma y vida en sus manos. A mí, como ya he referido, me ha parecido delicioso este epílogo por la honestidad y la generosidad de Almudena Grandes por permitirnos asomarnos a ese “sancta sanctorum”, a ese reducto tan íntimo y personal de un escritor que, sin embargo, ella no ha tenido ningún remilgo en mostrarnos abiertamente.



Entrando ya propiamente en este análisis y para ser lo más didáctico posible en su exposición voy a intentar diseccionar la novela desde diferentes aspectos. En primer lugar vamos a estudiar el texto desde un punto de vista narrativo y estructural. “La madre de Frankenstein” es una novela estructurada en cuatro grandes partes: I. El asombro (1954), II. La compañía (1955), III. La soledad (1956) y IV. La madre de Frankenstein (y el epílogo anteriormente citado). Sin embargo sería muy miope considerar que la narración está tan ordenada y tan estructurada linealmente (en lo que se refiere al tiempo narrativo). Almudena Grandes es una de las mejores escritoras (y escritores, obviamente) y constantemente nos propondrá tanto cambios de narrador como cambios temporales y espaciales. Intentaré explicarme un poco más. A pesar de que por su planteamiento sea una novela muy exigente para el lector, la autora consigue hacer fácil su lectura. Con una técnica, que sólo ella maneja con tanta solvencia, nos permite pasar de la voz de un narrador en tiempo presente narrativo a otro segundo narrador en tiempo pasado en la línea siguiente. Y lo realmente difícil es que el lector comprende y asimila, perfectamente, este salto narrativo. La autora opta por utilizar tres voces narrativas: el doctor Germán Velázquez, María Castejón y Aurora Rodríguez Carballeira. Esta técnica narrativa nos va a permitir subjetivar la narración y darle una mayor veracidad. Llegado a este punto me gustaría puntualizar las críticas de algunos lectores que consideran el sectarismo de los personajes que pueblan las novelas de Almudena Grandes. Las críticas suelen observar que sus personajes son excesivamente “maniqueos” en los que los buenos son muy buenos y los malos son malísimos. Hay que considerar que la autora, por así decirlo, entiéndaseme, queda al margen de la narración. La apreciación que tenemos sobre la maldad o bondad de ciertos personajes es el punto de vista y por tanto muy subjetivo, como no podía ser de otro modo, del personaje que narra la historia.



Desde un punto de vista estilístico todas sus novelas muestran algunos rasgos interesantes que no pueden quedar al margen de un análisis literario. En “La madre de Frankenstein” hay muchos momentos realmente enjundiosos, solo a modo de ejemplo voy a citar un fragmento que mediante el uso de la expresión “en francés” convierte este texto en prosa en una suerte de prosa poética gracias a una especie de anáfora:



“En francés escuché que mi palabra no tenía ningún valor, que mi dinero alcanzaría para comprar un billete de barco de tercera clase a Marsella, que eso daba igual porque no estaba autorizado a abandonar Orán. En francés me explicaron que para mí sólo había dos futuros posibles, una invitación expresa del ciudadano suizo que se hubiera ofrecido a acogerme en su casa, siempre que proporcionara garantías suficientes al Gobierno de París de que no iba a quedarme a vivir en su territorio y llegara acompañada de un billete que sólo él podría comprar y enviarme, o un campo de trabajo donde me reencontraría con la mayor parte de mis compañeros del Stanbrook, que se estaban incorporando ya a las obras de construcción del ferrocarril transahariano. En francés, una variante horrible y cargada de faltas de ortografía, escribí una carta al doctor Goldstein, explicándole mi situación, rogándole que escribiera a mis padres para que supieran que estaba vivo y a salvo, ofreciéndome a devolverle el importe de mi billete si se decidía a enviármelo. En francés me relacioné con los gendarmes que me trajeron la comida y me vendieron tabaco durante el mes y medio que pasé en un calabozo de aquella comisaría, donde ocasionalmente tuve algunos compañeros franceses y argelinos, nadie con quien pudiera hablar en español. En francés me recibió el comisario, …”



Comentaba al principio que esta novela es claramente deudora de D. Benito Pérez Galdós, probablemente uno de los autores más notables de la historia de la literatura en lengua castellana, y Almudena Grandes, en este centenario del fallecimiento de nuestro genial autor, le homenajea no solo explícitamente, como en el siguiente fragmento, sino también en su manera de narrar y en esa “asimilación” que sufre el personaje de María Castejón con la inmortal figura de Fortunata:



“Eso pensé yo cuando me leí Tormento, que fue la primera y me encantó, pero tanto, tanto... Lo bueno de Galdós era que no se acababa nunca. Esos seis tomos tan gordos, ¡qué gusto! El caso es que doña Aurora también los tenía pero, claro, cuando yo iba a su cuarto a leer, era muy pequeña y me gustaban más otras cosas. Total, que en el verano de 1949, los señores me dieron dos semanas de vacaciones, que las del año anterior se las habían comido, porque como empecé a trabajar para ellos en septiembre del 47, dijeron que no me tocaban, pero en agosto del 49, me fui quince días a Ciempozuelos, con permiso de las monjas, claro está, y me llevé uno de los tomos de las novelas de Galdós de la parroquia. Me metí en el cuarto donde está ahora mi abuela, ese que tiene una forma tan rara, en el Sagrado Corazón, y aunque ella me interrumpía mucho, y me pedía que la ayudara cada dos por tres, me leí Fortunata y Jacinta dos veces seguidas. Es que cuando la terminé, no me apetecía leer ninguna otra cosa, así que me la empecé otra vez. Y no me arrepentí, no crea, me pareció un libro maravilloso”.




Como ya sugiere el subtítulo de la novela “Agonía y muerte de Aurora Rodríguez Carballeira en el apogeo de la España nacionalcatólica, Manicomio de mujeres de Ciempozuelos; Madrid 1954-1956” la autora nos va a proponer una novela, extraordinariamente documentada, que nos va a transportar a una época muy gris de nuestra historia reciente. Ejemplo de esta exhaustiva labor de documentación sería este párrafo:



“No creo necesario detenerme mucho en la obra de Antonio Vallejo Nájera, célebre autor de la teoría del llamado «gen rojo», que establecía una relación directa entre el marxismo y la debilidad mental, o imbecilidad, como escribió él en ocasiones. Pero, por si algún lector tiene alguna duda, aclaro que lo que Germán Velázquez aprendió de su padre es rigurosamente cierto. También lo es que las teorías eugenésicas que Vallejo desarrolló en obras como Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza (1937), Eugamia: selección de novios (1938) o Política racial del nuevo Estado (1938), dieron amparo teórico al robo de niños recién nacidos que se practicó a lo largo de la dictadura franquista, primero en las cárceles, arrancando a los bebés de los vientres de las presas políticas, después en clínicas privadas y coyunturas mucho menos dramáticas que la que se cuenta en esta novela. A menudo, bastaba con que una mujer acudiera sola a determinadas clínicas para que saliera sin el bebé que acababa de parir y con un falso certificado de defunción del niño, o la niña, que crecerían en una familia ajena, sin conocer a sus verdaderos padres. Y aunque no puede achacarse responsabilidad directa en este asunto a ninguna orden religiosa, ni a la Iglesia católica como institución, lo cierto es que, desde que se empezó a investigar con rigor, no es raro encontrar algún sacerdote, o alguna monja, trabajando mano a mano con algún médico en las redes que se dedicaron a robar niños en la España de Franco y aún después”.



La propia Almudena Grandes nos describe los mimbres de su novela: “La madre de Frankenstein es una novela de ficción construida sobre hechos reales. Mi inspiración original fue, desde luego, la vida y la muerte de Aurora Rodríguez Carballeira, una realidad que parece un alucinante, incluso delirante, argumento de ficción. Porque alrededor de la madre de Hildegart, de su vida, de su crimen y su destino, se fueron trenzando un buen número de historias, algunas falsas y muy hermosas, otras ciertas y mucho más feas”. A lo largo del relato desfilarán más de 100 personajes que, incluso los más episódicos, están trazados con pulso firme y llenos de vida. Con toda seguridad los lectores guardarán en su recuerdo a muchos de estos personajes, algunos entrañables, otros en su mezquindad aborrecibles, pero siempre, como señalaba un poco más arriba, vivos. Otro de los grandes aciertos que tiene la exquisita edición de Tusquets es el detallado censo de personajes que aparece al final del libro, ordenados con criterios  “topográficos”. A través de los personajes la autora nos mostrará, descarnadamente, aquella triste realidad de los vencidos en la guerra, de las mujeres, de los homosexuales y, en definitiva, como siempre, de los más desfavorecidos:



“En 1941, en aquel cursillo al que asistió a la fuerza, Eduardo conoció a otro homosexual, un hombre de cuarenta años y aspecto muy sombrío, casado, con hijos, que hablaba poco y daba la impresión de estar completamente doblegado. El primer día tomó la palabra para confesar en público sus pecados y su arrepentimiento en un tono de humillación tan impúdico que daba vergüenza escucharle. Pero a uno de los asistentes del director del cursillo, un sacerdote recién salido del seminario que se llamaba Pedro Armenteros, le impresionó tanto aquella intervención que le animó a compartir su experiencia con un joven estudiante que ya había pasado por las manos de tres psiquiatras madrileños muy conocidos. Los tres le habían asegurado a la señora Méndez que la homosexualidad era una simple enfermedad para la que existían curas eficaces. Desde la hipnosis hasta los electrochoques, Eduardo había experimentado todo un catálogo de soluciones terapéuticas que había dado sus frutos, depresión, insomnio, anemia, ansiedad. Aquel cursillista había transitado antes que él por el mismo camino, y sin reconocer explícitamente que su arrepentimiento era fingido, una simple estrategia para sobrevivir, le recomendó que se ingresara una temporada en el Sanatorio Esquerdo, una clínica privada rodeada por un inmenso pinar, en las afueras de Carabanchel”.



Como sucede en muchas otras novelas de Almudena Grandes y muy especialmente en esta serie de “Episodios de una guerra interminable” veremos que lo único que queda al ser humano, aún en las situaciones más vejatorias y adversas es la dignidad. En esta novela se aprecia con mucha claridad en muchos de los personajes que actúan con dignidad. En concreto vemos cómo uno de los personajes (y no doy más pistas para no reventar la novela, nada más lejos de mi intención) es capaz de enhebrar este canto a la dignidad:



“España es mi país, padre Armenteros —a cambio, sonreí yo también—, por mucho que le joda. Ya sé que le habría gustado que los suyos acabaran con todos los españoles como yo, pero no pudieron, y no fue porque no lo intentaran, desde luego. Así que España es tan mía como suya, aunque no le guste. Usted no es más español que yo. Y no tiene ningún derecho a opinar sobre si mi país me conviene o no. Eso lo decidiré yo, si no le importa”.



Comenzaba la redacción de este análisis literario confesándoos mi desasosiego al no suscribir el excesivo entusiasmo, por parte de la crítica especializada, a la hora de analizar “La madre de Frankenstein”. Intentaré aclarar el porqué de mi divergencia con esa opinión casi unánime. Es indudable que este texto es una buena novela, qué duda cabe. Es casi imposible que una autora del conocimiento técnico, del oficio y del talento de Almudena Grandes haga una “mala” novela. En mi opinión una de las causas que hace de este texto una novela “imperfecta” (valga la expresión) sería su excesiva extensión. En concreto me refiero a que, insisto, siempre en mi opinión, en este largo río narrativo la autora nos propone algunos meandros superfluos y que solo contribuyen a disminuir el caudal (el interés narrativo) y la calidad del texto. En concreto hay una larga digresión, una hebra narrativa, que en mi opinión no aporta absolutamente nada y entre unas cosas y otras se prolonga durante decenas de páginas de la novela (por respeto a la autora, por supuesto, me vais a permitir que no reviente la novela comentado a qué subtrama me refiero, pero estoy seguro, amigo lector, que después de leer el libro, cuya lectura recomiendo, entenderás a qué me refiero). Pues bien esos momentos magníficos, esas grandes cumbres narrativas, se ven mezcladas por profundos valles que, como en el caso al que me he referido, solo provocan oscuridad y, para mí, un cierto hastío: largas subtramas que poco o nada aportan a la historia principal que se narra. Y este es un problema que observo muy a menudo en la literatura actual. Dicen las leyendas urbanas que son los editores lo que fuerzan a los autores para que escriban libros más voluminosos, por incompresibles razones para mí de marketing y venta. No sé a ciencia cierta si esta leyenda urbana tiene un sustento de realidad o no, pero lo que sí que puedo afirmar es que esta “buena” novela podría haber llegado a ser “excelente” con cien páginas menos. Siento tener que discrepar con la crítica especializada pero, para ser fiel a mí mismo y por respeto a todos vosotros, esta es mi modesta opinión.



Ya para terminar esta larga reseña y eso que he hecho propósito de no extenderme tanto, algo utópico tratándose de un texto tan rico en matices, y a modo de resumen, me gustaría hacer hincapié en algunos puntos nucleares. No es un descubrimiento si digo que Almudena Grandes es una grandísima escritora y que novela tras novela nos demuestra su capacidad narrativa y su depurada técnica. Recursos técnicos que, a poco que se profundice en su análisis, nos muestran cómo le ayudan a solventar, con mucha variedad y elegancia, las dificultades propias de un relato a tres voces y con constantes saltos temporales y espaciales. Su delicadeza y sensibilidad para dotar de vida a personajes tan complejos y difíciles como el de Doña Aurora Martínez Carballeira que dada su enfermedad mental resulta tan difícil de insuflarla vida y, sobretodo, credibilidad. Y, hablando de personajes, cómo no citar uno de los personajes más encantadores de la novela y su progresión y crecimiento a lo largo del texto como es el de María Castejón. Y por último comentar que Almudena Grandes es una autora que sabe insuflar verdad y vida a sus relatos, algo que, por desgracia, cuesta cada día más encontrar en la literatura actual.




Dicho todo lo cual y considerando todos los méritos aducidos, y atendiendo a todas la razones expuestas con anterioridad creo que la puntuación más ajustada y que más justicia hace a “La  madre de Frankenstein”  (5ª novela de la serie “Episodios de una guerra interminable”) de la escritora madrileña Almudena Grandes sería de un 8,00/10.




Otra reseña de Almudena Grandes

El lector de Julio Verne

sábado, 23 de mayo de 2020

Si esto es una mujer. Lorenzo Silva y Noemí Trujillo.



Título: Si esto es una mujer
Autores: Lorenzo Silva y Noemí Trujillo.
Editorial: Ediciones Destino.
Colección: Áncora & Delfín
ISBN: 9788423355723
Fecha 1ª edición: 21 de mayo 2019.
Páginas: 320.




«La maldad acostumbra a crecer entre los hombres más allá de todo límite,
y si se ve guiada por la licencia que da la impunidad de hacer daño a los que
caen en su poder, puede llegar a extremos que superan la imaginación»
(“Historia secreta”, Procopio de Cesarea)




“Dicebamus hesterna die (cómo decíamos ayer)”. Creo, amigo lector, que no tengo otro modo de iniciar esta crítica que encabezarla con aquella famosa frase que, según la tradición, pronunció Fray de Luis de León cuando, restituido en su cargo, subió a su cátedra después de tantos años de prisión que le mantuvieron apartado de la docencia. La misma frase que, precisamente, y probablemente de un modo apócrifo, pronunció allí mismo, en la Universidad de Salamanca, D. Miguel de Unamuno después de la restitución en su empleo tras la dictadura del general Primo de Rivera. Pues bien, a pesar de mi osadía al utilizar estar frase, por tratarse de un pobre y humilde bachiller como yo, me ha parecido la más adecuada para recuperar este largo paréntesis de silencio, que por múltiples causas y motivos, que no vienen al caso, ha transcurrido desde mis últimas reseñas.



Dicho lo cual, y para no restar más tiempo a lo importante, que es el análisis de la novela objeto de nuestro estudio, vamos a pasar a su minuciosa disección, dentro de las posibilidades “espaciales” de una reseña literaria. “Si esto es una mujer” es la última novela publicada “a cuatro manos” por el matrimonio de escritores formado por Lorenzo Silva y Noemí Trujillo. Siempre, por lo general, suele resultar interesante el ejercicio de la literatura a cuatro manos aunque hay que reconocer que no suele ser una práctica muy habitual dentro de la historia de la literatura. Ya desde un primer momento y para centrar el tono general de este análisis, me gustaría destacar, en mi opinión, una de sus principales características, desde un punto de vista literario, que es el oficio de los autores. Esta novela podría ser un buen ejemplo para los jóvenes autores noveles que buscan un lugar en este mundo de la literatura. En “Si esto es una mujer” los autores nos van a dar una lección magistral de cómo funciona el oficio de escribir y trataré a lo largo de este análisis explicar el porqué de esta aseveración. Aunque tengo que reconocer que no es, ni mucho menos, una de las mejores novelas de los autores (ni a cuatro manos, ni individualmente) aunque dado su talento y oficio no sea una novela, ni mucho menos, desdeñable.



Siguiendo la metodología de análisis habitual creo que lo más adecuado en estos momentos y antes de acercarnos a su estudio, propiamente dicho, sería pergeñar, aunque sea someramente, la sinopsis argumental de la novela para así centrar y acotar el objeto de esta crítica. Para lo cual he adoptado, por parecerme adecuada, la sinopsis que publica la propia editorial:



“La inspectora de homicidios Manuela Mauri lleva siete meses de baja cuando recibe la visita de la oficial Guadalupe Larbi para pedirle que se reincorpore al trabajo: sólo ella, le dice, tiene la autoridad y el empuje necesarios para sacar adelante una complicada investigación en la que la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid no consigue avanzar.

Tres meses atrás aparecieron restos humanos en los vertederos de Pinto y Valdemingómez. Pese a haber dedicado ingentes recursos, no se ha encontrado el cadáver completo y no hay una sola pista de la autoría del crimen. Y lo que es peor: tres meses después sigue sin identificarse a la víctima. Manuela se enfrentará de esta manera al mayor desafío de su carrera como inspectora de homicidios: la Operación Vertedero.

La búsqueda de la verdad pondrá de nuevo a Manuela en el punto de mira de sus compañeros y superiores, que han perdido la confianza en ella por los hechos acaecidos en torno al suicidio del inspector jefe Alonso, por los que Manuela quedó injustamente salpicada.

Una novela que señala los puntos oscuros de nuestra sociedad, cuestionando nuestra ceguera ante el sistema en el que vivimos. Ante todo lo que la ciudad desecha y que, nos guste o no, la define”.




Con intención de sistematizar y optimizar todo el material recogido durante la lectura de “Si esto es una mujer” que suma más de diez folios escritos con una abigarrada caligrafía, intentaré detenerme en las columnas miliares que sustenta el edificio narrativo. Uno de los puntos determinantes a la hora de escribir una novela, como creo que ya conocerán todos los amigos que siguen este blog literario, es la posición del narrador. En esta novela los autores han decidió narrar la historia desde el punto de vista de la protagonista, la inspectora Manuela Mauri en primera persona. Esta decisión nos permitirá acompañar a la investigadora en un plano de igualdad respecto a la investigación (por así decirlo iremos conociendo los acontecimientos narrados a la vez  que la protagonista). Casi toda la novela, ahora explicaré el porqué el casi, está narrada linealmente y sin ningún tipo de omniscencia por parte de la narradora. Este punto de vista resulta tremendamente satisfactorio en una novela inscrita en el género negro. Sin embargo, los autores en un momento dado, nos hacen una trampa para sostener el interés del relato. Lógicamente no voy a destripar la novela. Nada más lejos de mi intención. La novela comienza, en el capítulo uno, con lo que parece ser una declaración de un crimen cometido por un sospechoso. Pero sugeriría al lector que prestase atención a la elipsis narrativa que, con mucha habilidad y oficio hacen los autores, para no darnos una información importante que es esa declaración de uno de los sospechosos que de alguna de las maneras parece remitirnos a esa declaración, en primera persona, con la que comienza el texto. Siempre he creído, y varias veces lo he comentado a lo largo de la existencia de este blog literario, que la literatura, y muy especialmente la novela negra, tiene mucho que ver con la prestidigitación en la que el mago distrae nuestra atención para poder llevar a cabo su truco de magia y dejarnos con la boca abierta.



“Si esto es una mujer” es un texto claramente deudor de la saga de Chamorro y Bevilacqua de Lorenzo Silva, aunque tengo que reconocer, con toda honestidad, que queda por debajo del altísimo nivel de aquélla. De hecho, y para reforzar ese indubitable vínculo existente, los autores nos hacen un guiño con un cameo del benemérito  subteniente Rubén Bevilacqua. En esta novela los autores nos proponen un texto que fluye con naturalidad, con tanta naturalidad, que en ningún momento el lector es capaz de percibir todo el aparataje que sostiene la arquitectura de la novela. Y ese, en mi opinión, es una de las grandes virtudes de este texto y uno de los ejemplos más palmarios de cómo hay que escribir una novela con oficio. Si centramos nuestro análisis en la caracterización de los personajes podremos comprobar que los autores no han querido perder tiempo, desviando la atención de los lectores en una excesiva caracterización de los personajes. Esa pobreza en el trazo, que puede que a algunos lectores les pueda parecer insuficiente, es una consecuencia directa de la decisión, en mi opinión muy acertada de, como comenté un poco más arriba, hacer descansar la narración en la voz de la protagonista. A excepción hecha de la inspectora, que a través de su narración nos permite penetrar en su interior, el resto de los personajes aparecen difuminados y apenas pergeñados, siendo en muchos casos meramente episódicos.



Otro de los puntos que me interesaría destacar en este análisis y lo digo con admiración como crítico literario es que “Si esto es una mujer” es una novela adscrita al género policíaco en el que, sin embargo, la investigación, propiamente dicha, no resulta excesivamente relevante. Intentaré explicar esta aparente “contraditio in terminis”. En esta obra los autores no nos proponen una minuciosa investigación policial al uso. Por así decirlo los autores nos ofrecen una novela en la que lo más importante no es, tal vez, la resolución y clarificación del hecho delictivo sino más bien una reflexión, pesimista, en la línea de Bevilacqua de nuestra sociedad. También nos acercaremos a la realidad de nuestro Cuerpo Nacional de Policía y de las personas que lo componen. Creo que es, precisamente en este punto, en dónde los autores ponen la lupa y el foco de atención más que en la propia resolución del caso policial.



Esta novela, como el resto de las novelas de los autores, tiene un trasfondo de crítica social y de amargura respecto a la condición humana. Sus personajes, empezando por la propia inspectora Manuela Mauri, están desengañados y desilusionados de la sociedad. Sin embargo a través de sus personajes veremos que, a pesar de todo, siempre queda un atisbo de esperanza, de confianza, en el ser humano. Creo que este fragmento que voy a transcribir parece que podría ser escrito y dedicado para cualquiera de nosotros:



“Hacía tiempo que no me sentía tan bien. No lo teníamos todo claro, o no teníamos nada, mejor dicho; tal vez la vida no fuera más que eso, ir dando pasos en un largo camino de incertidumbres, donde los problemas al final se solucionan de forma improvisada según se van presentando. Nunca logramos tener una seguridad absoluta en nada, y al pensar esto me acordé contra mi voluntad de aquel poema por el que no había querido ni quería preguntarle, pero en medio de la oscuridad sentí una plenitud difícil de explicar y que podía resumirse, quizá, en el hecho de comprobar, una vez más, que Alberto era una apuesta buena y consistente, la mejor que había hecho hasta entonces”.



No cabe la menor duda que estamos ante una nueva saga de novelas que protagonizará la inspectora Manuela Mauri. Resulta evidente porque “Si esto es una  mujer” nos deja abiertas algunas líneas argumentales que, con toda seguridad, se irán desarrollando en sucesivas entregas, porque, como decía con anterioridad, los autores han asentado más las bases de caracterización del personajes principal así como sus relaciones sociales, laborales y sentimentales primándolas sobre la investigación del crimen que, en mi modesta opinión resulta apenas esbozado y poco desarrollado.



A modo de resumen y para no alargarme excesivamente en el análisis de la novela, me gustaría para terminar incidir en algunas consideraciones. En líneas generales “Si esto es una mujer” me ha parecido una novela interesante, entretenida y escrita con mucho oficio e inteligencia. También tengo que reconocer que, a pesar de lo dicho, es una novela que todavía no alcanza el nivel de algunas otras novelas de los autores. Por otra parte insisto en que es una novela de lectura obligatoria para quienes quieran aprender el oficio de escritor. Como probablemente ya sepan los lectores habituales de este blog, “Las bizarría de Belisa” tiene una sección dedicada a los autores noveles en las que muchos autores me envían sus obras para que les dé mi opinión y les oriente. Saco a colación este tema porque, desde un punto de vista meramente léxico, se observa que el uso lexicológico del lenguaje que hacen los autores es el propio de la gente de la calle. En la mayoría de los casos, los autores noveles al escribir utilizan un léxico excesivamente recargado y ampuloso impropio y extraño al lenguaje que se utiliza por la mayoría de los hablantes. Y, en la mayoría de los casos, ese uso lingüístico lejos de mejorar la calidad literaria del texto lo que hacen es perjudicar su lectura y comprensión. Por último, creo honestamente que “Si esto es una mujer” es un libro interesante y que merece la pena leerse para entretener estos tiempos de confinamiento, de crisis y de sufrimiento.



Dicho todo lo cual y considerando todos los méritos aducidos, y atendiendo a todas la razones expuestas con anterioridad creo que la puntuación más ajustada y que más justicia hace a la novela “Si esto es una mujer” escrita al alimón por Lorenzo Silva y Noemí Trujillo sería de un 6,5/10.



(A modo de ilustración de esta reseña comparto con vosotros un video de la presentación de la novela)



miércoles, 6 de mayo de 2020

Valoración de textos de autores noveles

Hola a tod@s amig@s,

Ya desde el momento en que se fundó este blog literario, en aquel ya lejano año de 2011, surgió como una necesidad ante la grave crisis económica que nos azotaba de manera inclemente. Hoy, por desgracia, nuestro mundo se encuentra inmerso en una crisis aún más atroz y de una dimensión a nivel planetario. Por eso creo que, de nuevo el arte, y en particular la literatura, puede ayudarnos a sobrellevar, a dignificar y dar sentido a todo el sufrimiento que vivimos en la actualidad y que, por desgracia, en su versión económica y social se cebará con nosotros.

Queridos amigos, como bien sabéis, hace ya algunos años que, aparentemente, este blog literario está inactivo. Nada más alejado de la realidad. A través del blog literario “Las bizarrías de Belisa: autores noveles” (http://bizarriasdebelisautoresnoveles.blogspot.com) me he dedicado a leer decenas de novelas que he recibido (en concreto 87 textos originales de otros tantos autores) y puedo decir que he leído todas y que,  entre ellas, he encontrado  siete magníficas novelas que he ayudado a pulir, a mejorar y, en definitiva, poder impulsarlas para que vieran la luz, de la imprenta, en algunos casos, en editoriales muy importantes. Esto, como ya me propuse desde el comienzo de este blog, me ha producido una enorme satisfacción.

Ahora que nos adentramos en los umbrales de una nueva crisis, vuelvo a ofrecerme para leer vuestras obras y, llegado el caso, poder ayudaros a conseguir su publicación. Lo único que pido es que las novelas tengan la mayor calidad posible. Si tú, amigo autor novel ,piensas que has escrito algo que, de verdad merece la pena; o bien te encuentras en una situación de “atasco creativo” en el que no consigues avanzar en la dirección que buscas, me vuelvo a ofrecer a poder ayudar, con mis conocimientos de tantos años en este mundo de la literatura, a poder aconsejarte para que consigas alcanzar tu objetivo.

Finalmente, si los textos que me mandéis  ya hubiesen sido publicados en alguna pequeña editorial o mediante autopublicación y tuviese una calidad realmente importante lo reseñaría en el blog para poder darle la máxima visibilidad. Además de, llegado el caso, intentar conseguir su publicación por editoriales de prestigio.

Las personas interesadas en que valore sus textos pueden dirigirse a mí por correo electrónico a la siguiente dirección luisalberto.cao@bizarriasdebelisa.com

Por último quiero agradeceros a tod@s vuestro constante interés por mis publicaciones y el cariño que siempre me habéis mostrado y que, aún, a día de hoy sigo recibiendo.


MUCHAS GRACIAS.




sábado, 6 de julio de 2019

Largo pétalo de mar. Isabel Allende

Título original: Largo pétalo de mar.
Autor: Isabel Allende.
Editorial: Plaza & Janés.
ISBN: 9788401022418
Páginas: 384.
Fecha de publicación: Mayo de 2019.
Precio: 22,90 €.



“Patria es donde están nuestros muertos”

“No se puede cambiar el pasado, pero tal vez se pueden ir eliminando los peores recuerdos…”

“Esta gente ha sufrido mucho, señores. Son personas de buena moral, ordenados y respetuosos, vienen a su país dispuestos a trabajar y rehacer sus vidas”
(Largo pétalo de mar: Isabel Allende)


“Oh Chile, largo pétalo

de mar y vino y nieve,
ay cuándo
ay cuándo y cuándo
ay cuándo
me encontraré contigo,
enrollarás tu cinta
de espuma blanca y negra en mi cintura,
desencadenaré mi poesía
sobre tu territorio”.
(Cuándo de Chile. Pablo Neruda)



“Largo pétalo de mar” es la última novela publicada por la gran escritora chilena Isabel Allende y, como intentaré desarrollar, de un modo lo más minucioso y didáctico posible a lo largo de este análisis literario, ya desde su propio título, extraído de este célebre poema de Pablo Neruda, transcrito más arriba, nos sugerirá algunas pistas sobre las intenciones literarias y estéticas de la autora a la hora de abordar la redacción de esta novela.


He reflexionado mucho, antes de sentarme ante el ordenador para escribir este análisis, a la hora de enfocar esta crítica y cómo expresar la ambivalencia de sensaciones que han quedado en mi paladar tras su lectura atenta y pausada. Mi impresión general, a bote pronto y antes de entrar en el estudio propiamente más exhaustivo y prolijo, es que “Largo pétalo de mar” me ha resultado una novela interesante por momentos (algunos francamente buenos) entreverada por otros que, tratándose de una artista del talento y oficio de Isabel Allende, me han parecido deslavazados, anodinos e, incluso, impropios de su talento artístico. Digamos, pues, que, a modo de marco general de esta crítica, “Largo pétalo de mar” me ha parecido una novela desigual que, a pesar de manejar una temática tan interesante, desde un punto de vista narrativo, no consigue, en mi modesta opinión, sacarle, a lo largo de toda la novela (e insisto en la idea de en “toda la novela”) todo el jugo que a priori podía ofrecer. En cualquier caso, a lo largo de esta crítica, intentaré desmenuzar y argumentar el porqué de esta opinión.


Dicho lo cual y por seguir una exposición ordenada y metodológica, creo que lo más adecuado en este momento será, como viene siendo habitual, pergeñar una breve sinopsis argumental que sitúe al lector de estas líneas, de alguna manera, en el objeto de este análisis literario. Para este fin, utilizaremos la reseña que la propia editorial Plaza&Janés (a la que aprovecho a felicitar por la impecable edición de este libro) ha preparado a este efecto.


“En plena Guerra Civil española, el joven médico Víctor Dalmau, junto a su amiga pianista Roser Bruguera, se ven obligados a abandonar Barcelona, exiliarse y cruzar los Pirineos rumbo a Francia. A bordo del Winnipeg, un navío fletado por el poeta Pablo Neruda que llevó a más de dos mil españoles rumbo a Valparaíso, embarcarán en busca de la paz y la libertad que no tuvieron en su país. Recibidos como héroes en Chile -ese «largo pétalo de mar y nieve», en palabras del poeta chileno-, se integrarán en la vida social del país durante varias décadas hasta el golpe de Estado que derrocó al doctor Salvador Allende, amigo de Víctor por su común afición al ajedrez. Víctor y Roser se encontrarán nuevamente desarraigados, pero como dice la autora: «si uno vive lo suficiente, todos los círculos se cierran».

Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver.”


Para mí, sentarme ante el ordenador para escribir una reseña, siempre me ha resultado una gran responsabilidad, fundamentalmente con mi conciencia y, cómo no, por el respeto que tengo a todas las personas que me seguís y, por supuesto, a los autores. Bajo estas premisas, sin duda necesarias de volver a recordar una vez más, en esta novela me he encontrado en ese dilema, en esa dicotomía, entre mi realidad como crítico literario que se dedica al análisis frío, científico y desapasionado de una obra narrativa y como lector, como simple enamorado y amante de la literatura. En el caso de “Largo pétalo de mar” como simple lector me ha parecido una novela interesante y entretenida y con una materia prima (la temática) que ya, de entrada, la hace muy apetecible. Sin embargo al juzgarla bajo el prisma desapasionado del “científico” no puedo dejar de apreciar que, en mi opinión, se trata de una novela muy desigual, en el sentido del ritmo literario interno que, por otra parte, aúna instantes soberbios, tanto de narrativa como de caracterización de personajes, con otros francamente “impropios”. No voy a explayarme mucho en estos particulares porque, como siempre digo, no pretendo “reventar” la novela y lo que deseo es fomentar el amor a la lectura y, por supuesto, la lectura de este libro que si buscáis el placer de la lectura, estoy seguro que, como me pasa a mí, lo disfrutaréis.


“Largo pétalo de mar” es una novela que narra, linealmente, una historia que abarca un arco temporal de casi 60 años. La autora, con toda consciencia, pone el punto de vista narrativo en una voz en tercera persona omnisciente. Aprovecho este momento para explicar el concepto de omnisciente que muchos de vosotros me habéis consultado a través del correo electrónico. Cuando utilizamos el termino omnisciente (para los amigos seguidores del blog amantes de las etimología viene de la latín “Omnis” todo y “sciens, -entis” que sabe) queremos  expresar que el narrador, de alguna manera, se sitúa “por encima” de la propia narración. Esto es, tiene un grado de conocimiento superior. Pondré un ejemplo de la novela para intentar aclarar este concepto tan utilizado en el análisis literario.


“El ajedrez sería el fundamento de la amistad entre los dos hombres, que determinaría el segundo exilio de Víctor Dalmau”.


Como se puede apreciar en el ejemplo transcrito el narrador ya sabe lo que ocurrirá en un plano temporal muy posterior a los hechos expuestos en el momento del presente narrativo. Por otra parte Isabel Allende nos plantea un texto en el que no aparece excesivo diálogo, centrándose más en poner el peso de la narración en la figura del narrador. Este planteamiento de la autora, evidentemente hecho con una finalidad artística y estilística,  ya nos da una pista de su “intención literaria” a la hora de narrar este relato.


Isabel Allende siempre ha sido una autora muy elegante a la hora de escribir. Esta aseveración se puede corroborar a lo largo de toda su producción literaria. En el caso que nos ocupa hay algunos ejemplos que nos muestran esta elegancia antes citada. Voy a transcribir un fragmento en el que Isabel Allende nos ofrece una hermosa elipsis narrativa que en su belleza, tamizada por ese velo del pudor, nos ofrece mucho más de lo que oculta.



“La llevó a un hotel modesto, aunque no podía permitirse ese gasto, y ella volvió a Viña del Mar cerca de la medianoche, cuando sus padres estaban a punto de notificar su desaparición a los carabineros. El chófer, debidamente sobornado, dijo que habían pinchado un caucho por el camino”.


Sin duda uno de los aspectos insoslayables a la hora de analizar esta novela es el uso de los personajes. Es precisamente en esta faceta donde Isabel Allende es más reconocible a lo largo de toda su obra narrativa. Basta leer cualquiera de sus novelas con atención e interés crítico para descubrir ese nexo común que une, más bien diría ata, a todos sus personajes. Allende es una escritora de grandes personajes femeninos, fuertes y que portan esa gran fuerza “redentora” y telúrica que hace palidecer a todos los personajes masculinos. En este caso, fiel a toda su obra narrativa, los personajes a modo de novela bizantina desaparecerán y volverán a aparecer inopinadamente para ir tejiendo las vidas y los destinos de todos ellos. Me gustaría señalar, para la consideración del atento lector de la novela, la caracterización del personaje de Juana que para los que ya conocéis otras obras de la autora veréis que aparece en esencia en muchísimas de sus novelas. Voy a transcribir la descripción del personaje que nos hace la autora y veréis como enseguida os traerá a la memoria a otros personajes de su universo narrativo.


“Juana Nancucheo, mestiza de criollo e indígena mapuche del sur profundo, de edad difícil de adivinar, baja de estatura y sólida como los troncos antiguos de sus bosques nativos, de trenza larga y piel cetrina, ruda de modales y fiel por hábito, estaba al mando de la administración doméstica desde tiempos inmemoriales. Dirigía con gesto adusto a las tres mucamas, la cocinera, la lavandera, el jardinero y el hombre que enceraba los pisos, acarreaba la leña y el carbón, cuidaba a las gallinas y realizaba las tareas pesadas; nadie recordaba su nombre, era simplemente «el hombrecito de los mandados». El único libre de la vigilancia de Juana era el chófer, que vivía en los altos del garaje y dependía directamente de los patrones, aunque, según ella, eso se prestaba para mucho abuso; lo tenía en la mira, no era de fiar, metía mujeres en su pieza, estaba segura. «En esta casa sobra personal doméstico», solía opinar Isidro del Solar. «¿A quién piensa echar pues, patrón?», lo atajaba ella. «A nadie, lo digo por decir», se retractaba él de inmediato. «Algo de razón ha de tener», admitía Juana para sus adentros”.


A pesar de que Isabel Allende nos propone en “Largo pétalo de mar” un tema descarnado e hiperrealista como el del exilio, no por eso podemos dejar de adivinar ese “realismo mágico” tan habitual en sus obras. Desfilarán, de nuevo, esa serie de “monotemas” que se desplazan de un libro a otro dentro de su bibliografía: los grandes y poderosos clanes familiares, la predestinación de sus personajes, ese contraste tan brutal entre la vida y la muerte que sobrevuela constantemente su narrativa, así como la maldad intrínseca del ser humano que, en esta novela, es uno de los “leitmotifs” pugnando por abrirse paso entre la vida y la muerte. A continuación os transcribo un triste y desgarrador momento que ejemplifica esa maldad intrínseca del ser humano.


“Fue la vecina la que denunció a Víctor Dalmau, la misma mujer que dos años antes le pidió que se valiera de su amistad con el presidente para colocar a su hijo en el cuerpo de carabineros, la misma a quien le instaló un par de válvulas en el corazón, la misma que intercambiaba azúcar y arroz con Roser, la misma que asistió compungida al velorio de Carme. Lo arrestaron en el hospital. Tres hombres sin uniforme, que no se identificaron, fueron a buscarlo cuando estaba en el quirófano, pero tuvieron la decencia de esperar a que terminara de operar. «Acompáñenos, doctor, es una gestión de rutina», le ordenaron en tono firme. En la calle lo empujaron dentro de un automóvil negro, lo esposaron y le vendaron los ojos. El primer puñetazo le cayó en el estómago”.


Otro de los puntos ineludibles a la hora de estudiar esta novela, desde un punto de vista más filológico, es la hermosa y ubérrima prosa que la autora nos muestra en su novela. Para mí, como filólogo, es un placer disfrutar de su riqueza léxica con tanto aroma y sabor al castellano hablado allende los mares. Una prosa que apela a los colores, a los sabores y que nos transporta a aquella naturaleza desbordante del nuevo mundo. Isabel Allende también hará uso de las músicas y de los sonidos para enriquecer sensorialmente el texto.


“A veces le entregaba un fajo grueso de varias cartas amarradas con un cordel. Siempre había alguna de la madre y el hermano de Guillem, pero la mayoría eran de Roser, que le escribía a diario uno o dos párrafos, hasta juntar un par de páginas, que metía en un sobre y lo llevaba al correo militar canturreando la más popular canción de los milicianos: «Si me quieres escribir, / ya sabes mi paradero: / Tercera Brigada Mixta, / primera línea de fuego»”


Al final de esta reseña, y para ilustrar este análisis colgaré un video con esta canción citada por la autora, en este caso será en la interpretación de la gran cantante catalana Marina Rossell una de las voces más hermosas de la actualidad.


Repasando mi cuaderno de notas, repleto de decenas de anotaciones que me ha sugerido el estudio de esta novela, no puedo evitar el desánimo de ver que muchas de ellas no van a poder ver la luz por no extenderme mucho más en esta crítica. Si me gustaría terminar esta parte del análisis con un hermoso fragmento, que a mí personalmente, me ha parecido extraordinario


“Las condiciones seguían siendo inhumanas, pero al menos fue pasando lo más crudo del invierno. Los prisioneros se organizaron para sobrevivir sin enloquecer. Hacían mítines revolucionarios, divididos en partidos políticos, como durante la guerra. Cantaban, leían lo que les caía en las manos, alfabetizaban a quienes lo necesitaban, publicaban un periódico —una hoja escrita a mano que circulaba de un lector a otro— e intentaban preservar la dignidad cortándose el pelo y quitándose los piojos mutuamente, lavándose y lavando la ropa en el agua helada del mar. Dividieron el campo en calles con nombres poéticos, crearon el delirio de plazas y ramblas como las de Barcelona en la arena y el lodo, inventaron la ilusión de una orquesta sin instrumentos para tocar música clásica y popular y de restaurantes de comida invisible, que los cocineros describían en detalle y los demás saboreaban a ojos cerrados. Con el poco material que lograban conseguir levantaron cobertizos, barracones y chabolas. Vivían pendientes de las noticias del mundo, que estaba al borde de otra guerra, y de la posibilidad de salir en libertad. Algunos, los mejor preparados, solían ser empleados en el campo o en la industria, pero la mayoría antes de ser soldados habían sido labriegos, leñadores, pastores, pescadores, en fin, carecían de un oficio útil en Francia. Soportaban la presión constante de las autoridades para ser repatriados y en algunos casos los llevaban a la frontera española engañados”.


Finalmente, y a modo de resumen, me gustaría dejar constancia que “Largo de pétalo de mar” es una novela interesante de lectura amena y recomendable. Pero, eso sí, siendo fiel a mi conciencia y como crítico literario creo, con la mano en el corazón, que esta no es, sin duda alguna, una de las mejores novelas de la autora porque, como esbocé al principio de esta reseña, me ha parecido una novela desigual en la que alterna grandes momentos narrativo con largos fragmentos de una calidad bastante inferior que parecen, esa es mi opinión, escritos como de puntillas con una cierta atonía. Es evidente que, en cualquier caso, todo esto no resta un ápice a su talento y reconocimiento porque como ya comenté más arriba Isabel Allende es un autora con un sello narrativo propio que la hace siempre reconocible en todas y cada una de sus novelas.


Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo expuesto más arriba e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender el arte de la literatura, creo que la puntuación que más justicia haría a “Largo pétalo de mar” de la escritora chilena, limeña de nacimiento, Isabel Allende sería de un 7,00/10.

© Luis Alberto Cao


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