sábado, 14 de septiembre de 2013

Circo Máximo. Santiago Posteguillo.



Título: Circo Máximo (La ira de Trajano).
Autor: Santiago Posteguillo
ISBN: 978-84-08-11711-7
Editorial: Planeta
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
Fecha de publicación:29 de agosto de 2013.
Páginas: 1.200.
Precio: 22,90 €



Nullum bellum suscipi a civitate optima,
nisiaut pro fide,aut pro salute.
(Una guerra nunca es iniciada por un Estado ideal,
excepto en defensa de su honor o su seguridad.)
CicerónDe República, III, 23, 34



“Los accidentes ocurren siempre así: no por un solo error sino por varios errores de diferentes personas que tienen lugar en el mismo momento, en el mismo lugar”.
(Circo Máximo. Santiago Posteguillo)


“Gracias a Trajano y su mundo, convulso con frecuencia, esperanzador en ocasiones. Incluso gracias a Mario Prisco o Pompeyo Colega o Carpophorus y tantos otros ruines, porque si bien la vida sería infinitamente mejor sin la perversión de los malvados, la literatura, sin ellos, sería aburrida.
(Agradecimientos en Circo Máximo. Santiago Posteguillo)




Me gustaría, antes de empezar este análisis literario, confesaros que he tenido que dejar pasar casi dos días antes de reunir el “valor” suficiente para sentarme al ordenador para escribir esta crítica. Después de tres días de frenética y apasionada lectura en los que devoré, casi literalmente, este segundo libro de la trilogía (el primero es “Los asesinos del Emperador”)que el gran escritor valenciano Santiago Posteguillo ha dedicado a la vida y andanzas del Emperador Trajano y de llenar mi cuaderno de notas con más de treinta páginas de notas y comentarios tengo que, con toda honestidad, reconocer me sentí absolutamente perplejo ante el libro que acababa de leer.Durante estos dos días que he dedicado a la reflexión y a intentar analizar el por qué de la maestría de esta novela, he releído multitud de fragmentos de la novela intentando desbrozar, con el mayor desapasionamiento posible, y dentro de este frondoso “bosque” literario, que parece sacado de la misma Dacia, los recursos técnicos que el autor ha empleado para envolvernos en este apasionante relato, magistralmente escrito. Dicho lo cual es evidente que “Circo Máximo (la ira de Trajano), segundo libro de la trilogía de Trajano, me ha encantado. A lo largo de esta reseña literaria intentaré desgranar y desmenuzar un libro tan complejo y, a su vez, tan interesante, desde un punto de vista analítico. Antes de empezar soy ya consciente que, en su ubérrima riqueza, será inabarcable dentro de los modestos límites que impone una reseña que, en justicia, pediría, más bien, un profundo y exhaustivo estudio.



A lo largo de estas páginas intentaré acercar, al eventual lector de estas líneas, las columnas basales sobre las que Santiago Posteguillo ha erigido esta monumental y ambiciosa novela histórica que, sin duda alguna, hará las delicias de los lectores en general y, en particular, de los amantes de la Historia. Porque, y lo diré desde el primer momento, el autor demuestra ser todo un erudito en Historia Antigua, documentando la novela con un extremo rigor hasta en los detalles, aparentemente, más nimios e intrascendentes, demostración evidente de la perfección, la paciencia  y la laboriosidad, casi de orfebre, con la que el autor escribe su obra. Todo esto y muchas cosas más nos referirá el autor en “la nota histórica” del apéndice de la novela que, sin duda alguna, resulta imprescindible y de obligada lectura. Pero, dicho lo cual, voy a intentar ser lo más sistemático posible a la hora de acercarnos al análisis de “Circo Máximo” con la intención de no “perdernos” en la inmensidad de este amplio y profundo “mare nostrum” literario.



Como ya es habitual en estos análisis literarios, y por seguir un cierto orden, creo que lo más oportuno sería, llegados a este punto, pergeñar una breve sinopsis argumental de los hechos que acaecen en esta monumental novela (no sólo por su extensión 1200 páginas, sino también por su complejidad narrativa y temática). Para este fin creo que puede resulta adecuada la sucinta recensión que, con motivo de su publicación, ha editado la propia editorial Planeta, por lo cual paso, a continuación, a transcribirla literalmente.



“Circo Máximo es la historia de Trajano y su gobierno, guerras y traiciones, lealtades insobornables e historias de amor imposibles. Hay una vestal, un juicio, inocentes acusados, un abogado brillante, mensajes cifrados, fortalezas inexpugnables, dos aurigas rivales, gladiadores y tres carreras de cuadrigas. Hay un caballo especial, diferente a todos, leyes antiguas olvidadas, sacrificios humanos, amargura y terror, pero también destellos de nobleza y esperanza, como la llama del Templo de Vesta, que mientras arde, preserva a Roma. Sólo que algunas noches la llama tiembla. La rueda de la Fortuna comienza entonces a girar. En esos momentos, todo es posible y hasta la vida de Trajano puede correr peligro. Y, esto es lo mejor, ocurrió: hubo un complot para asesinar a Marco Ulpio Trajano”.



Durante estos días que he tomado de meditación, por considerarlos imprescindibles antes de escribir este análisis, llegué a la conclusión que debería planificarlo en dos vertientes, con la finalidad de contextualizar mi opinión. En primer lugar considerando “Circo Máximo” como una novela en particular, utilizando todos los recursos que, para este fin, ofrece la filología y, por otra parte, considerando esta obra inserta dentro de toda la producción literaria de Santiago Posteguillo. Creo que metodológicamente y, para la finalidad que persigue este análisis, lo más conveniente será comenzar por el estudio, aislado, de este libro.



Al principio de esta reseña me he referido a “Circo Máximo” como una novela histórica e indudablemente lo es, pero sin embargo, creo que, en cierto modo, se trata de una novela épica deudora de la tradición de la novela épica castellana. Fundamentalmente he encontrado, salvando las obvias distancias artístico-temporales, algunas interesantes similitudes entre el Cantar del Mio Cid (como singular ejemplo de la épica castellana) y este ciclo novelístico. Esta aseveración ya de por sí requeriría todo un estudio crítico pero, sin embargo, voy a intentar esbozar algunas razones para mantener esta opinión. Fundamentalmente serían dos, entre las muchas que se podrían citar. Por una parte el tratamiento que dan los autores a la figura de los protagonistas, ya sea “El Cid” o el Emperador Trajano y las cualidades que los adornan: sentido de la justicia, magnanimidad, fidelidad, honor, hombres de palabra…, así como el trazo con el que son caracterizados y tratados. Por otra parte por la narración tan cinematográfica y tan plástica con las que los autores, en ambos casos, describen las escenas. Mientras que el autor del Cantar agrupará estas escenas en “tiradas” Santiago Posteguillo las agrupará gracias a unas llamadas al lector que anteceden la escena marcándonos en qué lugar y en qué momento acontece la escena que nos está narrando. Por ejemplo para narrar la carrera de cuadrigas en el Circo Máximo utiliza algunas de estas escenas: En el palco imperial, En el palco de la vestales, Posición de salida, En la arena del Circo Máximo, En las gradas, etc, etc. Esta técnica tan visual resulta muy cercana a la gramática cinematográfica dotando a la narración de una poderosa fuerza, así como de una gran agilidad. El autor demuestra un gran conocimiento técnico y de los resortes necesarios para despertar y fijar la atención del lector a la hora de ir imbricando las tramas y las escenas. Profundizando en el examen particular de este aspecto resulta sorprenderte comprobar la perfección con la que Santiago Posteguillo sucede las escenas para dotarles de mayor efecto artístico. Resulta apabullante comprobar que, a modo de un castillo de naipes, su arquitectura es tan delicada y precisa que mover una sola escena de su lugar daría la sensación de desbaratar esa perfección de mecanismo de relojería suizo (helvético si se me permite la broma) y perjudicar el efecto final del relato.



La prosa que sirve de vehículo para narra esta novela y que emplea el autor es, por así decirlo, funcional. Esto es, el autor no va a pretender desviar la atención y el interés del autor con una prosa especialmente recargada, tanto en la propia estructura de las frases como en el uso del léxico empleado. En mi opinión la finalidad de esta aparente simplicidad de recursos tiene una clara finalidad de no “estorbar” la atención del lector de lo que el autor considera realmente importante que es, propiamente, el relato. Sin embargo no puedo obviar que he encontrado bastantes errores sobretodo, y en mi opinión, en la puntuación de las frases. Errores que, personalmente, siempre me molestan y me distancian porque me parece inexplicable que en grandes y excelentes editoriales, como indudablemente lo es la Editorial Planeta, se produzcan así como también algunos errores fruto de una cierta “desidia”.Y me duele especialmente porque son fácilmente subsanables y perjudican, al fin a y la postre, a la totalidad de la novela. Pondré simplemente un par de ejemplo al respecto



“Una vez en Densus hay que buscar la colina más elevada y allí, en lo alto, se vislumbrará la silueta de la iglesia medieval, el santuario cristiano más antiguo de Rumanía. Su fecha de construcción oscila entre el siglo III y el XIII, aunque todo parece indicar que, probablemente, se levantara en la época de los gépidos o quizá los avaros en la Alta Edad Media, aunque se concluyera definitivamente en el siglo XIII”.



“Las sármatas vaciaron los carros de cestos y cántaros vacíos e instalaron a los niños en el interior. Luego despojaron de todas las armas a los caballeros romanos abatidos. Tomaron los caballos y emprendieron el largo viaje hacia el norte”.



En el primer ejemplo he escogido este párrafo porque muestra un claro ejemplo de esta desidia que, por desgracia tanto abunda en infinidad de libros. Dado que Santiago Posteguillo nos habla de los gépidos, que fue un pueblo germánico que se asentó en la zona de Transilvania, resulta evidente que no se puede referir a los “avaros” sino a los ávaros, que fue un pueblo nómada que emigró hacia la Europa oriental y central en el siglo VI. En tanto que en el segundo ejemplo resulta evidente que los “caballeros romanos” serían más bien los “jinetes romanos”, si bien podía ser admisible esa acepción pero creo que, en nuestro tiempo, ha quedado absolutamente arcaica y puede inducir a error.


En un análisis literario otro de los factores de ineludible estudio es la caracterización de los personajes. Sin embargo, por razones metodológicas dejaré esta parte del análisis para un poco más adelante cuando estudiemos “Circo Máximo” dentro del contexto de toda la obra literaria de Santiago Posteguillo. Creo que el estudio de los personajes, inserto en el contexto de toda su obra, resultará más interesante para nuestro análisis. Aunque lo que sí puedo adelantar, tal y como el autor nos explica en su “nota histórica” del apéndice (que aprovecho para volver a recomendar encarecidamente su lectura), nos muestra su innata capacidad para mezclar los personajes de ficción con los históricos dándoles vida y verosimilitud a partes iguales. De hecho cuesta discernir dónde acaba la realidad y empieza la ficción. El autor, en un ejercicio de honradez intelectual y artística, nos mostrará todas “las cartas” del proceso creativo de su novela. No me puedo resistir, porque me parece de justicia, comentar que Santiago Posteguillo, como, por otra parte, todos los grandes autores, nos muestra su humildad y su bondad cuando nos dice en su “nota histórica” lo siguiente:



“Y no es mi deseo competir con el magnífico Javier Sierra y su maravilloso El maestro del Prado, pero para los que no puedan hacer viajes a lugares tan distantes como los montes Orastie, pueden, si lo desean, entretenerse buscando la escultura del guerrero dacio que se puede encontrar en una de las salas del Museo del Prado; así la Dacia, al fin y al cabo, no nos queda tan lejos”.



Y en este párrafo que acabo de transcribir se ve su grandeza porque, desde un punto de vista literario las diferencias entre ambas novelas y ambos autores resultan abismales y no resisten la comparación a favor del autor de “Circo Máximo” (quien tenga la curiosidad puede consultar la crítica que realicé pinchando el siguiente enlace “crítica de El maestro del Prado”).



Para estructurar un relato tan ambicioso y tan complejo como el de “Circo Máximo” el autor va a hacer uso de un narrador en tercera persona que casi, siempre, va a actuar acompañando la acción. Únicamente, en unos pocos casos, se apoyará en algunos “flashbacks” que retrotraerán la narración puntualmente. Por otra parte el narrador no hará prácticamente uso de la omnisciencia, con una evidente finalidad estética y narrativa. Una de las pocas veces que el autor muestra su omnisciencia sería la siguiente: “Necesitaron semanas para extraer todo el oro y la plata de aquella caverna, pero merecieron la pena”.



La lectura de “Circo Máximo” es todo un placer para los amantes de la Historia y también de la filología. De hecho nuestra filología, como es obvio, es claramente deudora de la lengua latina. Santiago Posteguillo nos muestran un nivel de conocimiento apabullante. Para las personas interesadas en esta época de la Historia Antigua es de obligada lectura los magníficos y documentadísimos apéndices que acompañan la novela: los glosarios de términos romanos y dacios, así como la monumental y erudita bibliografía que les acompaña. Si tuviese la fortuna de que Santiago Posteguillo pudiese leer este análisis literario me encantaría preguntarle, dado el rigor filológico con el que ha escrito el libro, una curiosidad. Me gustaría que me dijese por qué, después del uso tan esmerado de multitud de palabras latinas, sin embargo ha traducido al castellano los meses del año latino cuando, en mi opinión, hubiese sido más coherente haber respetado su denominación en la lengua latina.



Santiago Posteguillo se va a servir de la narración de una novela histórica de hace casi 2000 años, para fustigar y criticar los desmanes de nuestra sociedad actual y la crisis que, estamos padeciendo (y nunca mejor dicho). El intelectual, como es en nuestro caso el autor, no puede (ni debe) quedar impasible ante los problemas que asaltan las sociedades actuales. En estos momentos, más que nunca, de una total desorientación y crisis las gentes necesitan a los intelectuales como un claro referente. Voy a transcribir un párrafo en el que, como veremos, seguimos arrastrando los mismos problemas que ya tenían en el Imperio Romano y que, mientras el hombre pueble la faz de la tierra, seguirán existiendo.



“El puente que había ordenado construir sobre el Danubio también consumía muchos recursos. Quizá su esposa tuviera razón y su idea de Roma era demasiado... grande. Subir los impuestos parecía ser el único camino para disponer del suficiente dinero con el que acometer todos sus proyectos, pero aún dudaba. Si en efecto subía los impuestos al final el pueblo gastaba menos o buscaban subterfugios con los que eludirlos. Trajano no necesitaba de consejeros imperiales para saber eso. No había que ser ni un genio ni un filósofo griego para saber que a más impuestos menos gastaba la gente y la economía del Imperio terminaría en un colapso absoluto que no interesaba a nadie. Sólo los imbéciles eran incapaces de no ver algo tan sumamente simple”



En un análisis riguroso de esta novela no se debe pasar por alto una mención a cómo el autor narra las múltiples batallas que acontecen a lo largo de la novela. En este aspecto tengo que reconocer, sin ambages, que desde un punto de vista literario Santiago Posteguillo es, sin duda alguna, uno de los grandes narradores de estas escenas bélicas. Si intentamos profundizar en el análisis, con una lectura atenta, veremos cómo funciona el multiperspectivismo y cómo dota de profundidad narrativa a la acción. Sin duda alguna Posteguillo es, hoy por hoy, uno de los grandes autores en el dominio de esta faceta tan compleja y exigente de la narración. Sus relatos bélicos (y en general “de acción”) resultan impactantes y de un verismo que da la sensación de estar asistiendo a esos cruentos combates. Sin embargo, no debemos engañarnos, en su novela junto a estas escenas de acción trepidante hay algunas de un lirismo y de una belleza sorprendentes.



“Y el emperador cerró los ojos y lanzó aquella súplica a los dioses de la forma más humilde que pudo. Lo imploró con un fervor tal que en el cielo sus lágrimas silenciosas causaron emoción incluso entre las divinidades más gélidas”.



Especialmente me gustaría recomendar al lector que reparase en una escena que, en mi opinión, es magistral. Obviamente no daré muchas pistas para no reventar la novela porque lo que aconsejo es, sin duda alguna, su lectura. Cuando el autor narra el desfile triunfal del Emperador Trajano y de sus huestes a su llegada a Roma va a “contrapuntear” este relato, alternativamente, con fragmentos de la carta que le ha escrito la vestal Menenia… y no puedo decir más. Ruego al lector que repare en la técnica del autor y del “devastador” efecto literario y dramático que provoca en el lector.



Como bien sabéis todos los lectores habituales de este blog literario, uno de mis principios básicos a la hora de enfrentarme a un libro es no pronunciarme hasta haber terminado de leer su última línea. La experiencia de muchos años dedicados al estudio de la literatura me ha demostrado que, a veces, un final bien rematado puede conseguir redimir, en cierto modo, un libro mediocre. Santiago Posteguillo en el capítulo 166 y último de la novela titulado “Entrecruzados”, va a dar un repaso a las vicisitudes de todos los personajes principales de “Circo Máximo”, a modo de cuaderno de bitácoras de esta monumental novela. Por eso tengo que reconocer que me cuesta mucho pronunciarme sobre este libro, dado que se trata del segundo volumen de una trilogía. Esperaré ansiosamente la publicación de la novela que cierre esta trilogía sobre el Emperador Trajano para poder emitir un juicio completo acerca de esta magna obra literaria de Santiago Posteguillo. Sin duda este juicio podrá ser mucho más preciso al contemplar la obra completa en su integridad. Y, como comentaba al principio de este análisis, esto me da pie para hablar y contextualizar esta novela dentro de su producción y especialmente haciendo una analogía con su anterior trilogía completa dedicada a la figura de Publio Cornelio Escipión “El Africano”, compuesta por las novelas Africanus, Las legiones malditas y La traición de Roma. No puedo ocultar que considero al autor como uno de los grandes de la literatura histórica de la actualidad y no solo de la literatura española sino de la universal. Sin embargo, si tuviese que ponerle algún “pero”, a la luz de toda su producción literaria, sería su poca innovación estilística en sus novelas. Me explico. Santiago Posteguillo ha encontrado un esquema narrativo que, sin duda alguna, le ha reportado un gran reconocimiento, tanto por la crítica especializada como por el gran público y de una calidad literaria más que aceptable. Aunque en mi opinión todas sus novelas de tipo histórico mantiene exactamente ese mismo patrón tanto estructural como de personajes. Como comenté un poco más arriba he creído oportuno hablar de los personajes dentro del contexto general de toda su narrativa. A lo largo de su trilogía dedicada a Escipión, como en sus libros dedicados a Trajano veremos que los personajes mantienen multitud de características similares en cuanto a su caracterización y tratamiento, tanto en los personajes “positivos” como en los “negativos”. En mi opinión las similitudes entre el dibujo de “Escipión” y de “Trajano”, por poner un ejemplo palmario, tienen muchísimos puntos en común. Así como el excesivo “maniqueísmo” en los personajes malvados que son un cúmulo de maldades, sin dejar el menor atisbo a una perspectiva más equilibrada. Dicho de otro modo, los malos son malísimos, tremendamente malvados. Esa simplificación tan excesiva, a mi modo de ver, perjudica la credibilidad del relato.



Después de releer este larguísimo análisis literario dedicado a la novela “Circo Máximo” creo que ya no debo alargarme mucho más por haber superado, excesivamente, la extensión aconsejable para una reseña literaria. Y me da mucha pena porque cuando se trata de buenas novelas, como es el caso, siempre quedan multitud de detalles dignos de analizar en el tintero, en este caso en mi cuaderno de notas. Para terminar si me gustaría comentar, en líneas generales, y teniendo en cuenta todo lo ya expuesto con anterioridad, que “Circo Máximo” es una gran novela escrita por un autor que domina los resortes de la narrativa y que sabe insuflar a sus libros de un hálito de vida que, sin duda alguna, consiguen “enganchar” a los lectores. Desde este modesto blog literario me gustaría aprovechar para felicitar a Santiago Posteguillo por toda su obra narrativa que, debo reconocer, he leído completa (incluido su libro “La noche en que Frankenstein leyó El Quijote”) con auténtico placer y fruición.




Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo expuesto más arriba e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender el arte de la literatura y conforme a todo lo expuesto a lo largo de este análisis literario, creo que la puntuación que más justicia haría a “Circo Máximo”, segundo libro de la trilogía dedicada al Emperador de origen hispano Trajano del gran escritor valenciano Santiago Posteguillo sería de un 9,00/10.



© Luis Alberto Cao



(Para ilustrar esta reseña os dejo el booktrailer del libro así como una entrevista que el autor concedió con motivo de la publicación de “Circo Máximo”)


jueves, 25 de julio de 2013

Música de cámara. Rosa Regàs.



Título: Música de cámara.
Autora: Rosa Regàs.
Editorial: Seix Barral.
Colección: Biblioteca Breve.
ISBN: 978-84-322-1586-5.
Páginas: 319
Fecha de publicación: Abril de 2013.
Precio: 19 €.



“Somos los dulces frutos del árbol del azar”
(Música de cámara. Rosa Regàs)

“Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è súbito la sera.
(Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
transido por un rayo de sol:
y de pronto la noche)
(Salvatore Quasimodo)

Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
(Pedro Salinas. Razón de amor)




A veces, algunas veces, las expectativas iniciales con las que el lector se acerca a una novela consiguen quedar ampliamente colmadas y satisfechas al terminar su lectura. Este es, sin duda alguna, el caso de “Música de cámara” última novela de la gran escritora barcelonesa Rosa Regàs que desde su venerable y octogenaria atalaya vital se ha hecho merecida acreedora, con esta novela, del prestigioso Premio Biblioteca Breve en su edición correspondiente a este año 2013.  Tengo que confesaros que tenía mucho interés por leer esta novela. En primer lugar porque he seguido, casi en su totalidad, toda su producción narrativa y ya era conocedor tanto de su manera de narrar, como de su delicadeza y belleza expresiva, que desde siempre han conseguido cautivarme (aunque, evidentemente, y al menos esa es mi opinión, su carrera literaria tiene algunos altibajos). Otra de las razones que me atraían a su lectura es la solvencia del Jurado que ha concedido este galardón, con autores de peso y de una contrastada solvencia literaria y artística como José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer o José María Guelbenzu, entre otros. Ya a la vista de estos nombres, en especial de los dos primeros que son unos grandísimos poetas, intuía que la novela sería un canto a la lírica y a la sensibilidad artística como, de hecho, así ha sido. “Música de cámara” es una novela de una gran riqueza artística y literaria que, en lo que a mí respecta como crítico, me ha permitido disfrutar lo indecible porque su riqueza se presta a un profundo y exhaustivo análisis literario. Rosa Regàs nos propone en “Música de cámara” un canto sereno a la melancolía, al recuerdo, a esa nostalgia intangible que cala en el ambiente y ase, firmemente, a los personajes. Posteriormente, y a lo largo de esta reseña, en la que intentaré ser lo más sistemático posible dada su riqueza analítica, intentaré ir desbrozando las líneas fundamentales, las piedras angulares sobre las que se sustenta toda la rica arquitectura literaria de esta obra.




Antes de adentrarnos en el análisis crítico, propiamente dicho, de la novela “Música de cámara” de Rosa Regàs, y siguiendo el esquema metodológico habitual, creo que lo más conveniente, llegados a este punto, sería pergeñar, someramente eso sí, un esbozo de su sinopsis argumental, para situar al eventual lector de estas páginas en el texto objeto de estudio.




“Acompañada de su tía Inés, una viola y una maleta llena de recuerdos, Arcadia vuelve a Barcelona en 1949.Hija de republicanos exiliados en Francia, se refugia en su pasión por la música para sobrevivir en el ambiente opresivo de la posguerra. Un día conoce a Javier, un prometedor estudiante de Derecho que pronto se convertirá en el centro de su vida. Con todo pueden y a todos se enfrentan para llevar adelante su relación, hasta que la personalidad libre y rebelde de Arcadia se convierte en un estigma social que sella sus destinos.


Música de cámara es la historia del amor de dos jóvenes que pertenecen a dos mundos no sólo distintos, sino contrarios. Y es, también, la historia del desencuentro entre los dos amantes, en el otoño de 1984, durante una larga noche en la que se adentran en una turbadora y lúcida reflexión sobre los años transcurridos”




Uno de los puntos, ineludibles a la hora de estudiar “Música de cámara”, sin duda alguna, sería el análisis de la estructura dramática de la novela. Rosa Regàs muestra un dominio absoluto de la técnica literaria en esta obra narrada por varias voces, con la evidente finalidad de dotar de profundidad y perspectiva al texto. No me atrevería a decir que “Música de cámara” es una novela “coral”, por seguir la analogía musical, pero sí una texto narrado desde diversas perspectivas. La obra, formalmente, está estructurada en dos partes. La primera es bastante más extensa que la segunda y, por otra parte, su técnica expositiva es bastante diferente. Si nos detenemos en el análisis de ambas partes, de un modo independiente, comprobaremos el acierto y la sabiduría de la autora a la hora de elegir ambas técnicas narrativas poniéndolas al servicio de la acción dramática con una finalidad claramente reforzativa. En la primera parte (que abarca un arco temporal que va desde 1949 a 1960) la autora opta por una narración lineal y dejando, en cada capítulo, la voz narrativa (en 1ª persona y no omnisciente) a los diferentes personajes de la historia. En mi opinión este aspecto es uno de los mayores aciertos técnicos de la novela, porque dotará al texto de ese perspectivismo que nos va a permitir abordar su lectura desde distintos puntos de vista. Pero en este virtuosismo narrativo que nos ofrece Rosa Regàs, la elección de los personajes que tomaran el lugar del narrador está hecha con una “intención” que ineludiblemente nos arrastrará hasta el clímax narrativo, contenido eso sí, con el que finaliza la primera parte. Este conjunto armónico y delicado está sustentado en una cuidada elección, en cada momento, de cada voz narradora con una muy meditada intención dramática. Cuando avanzaba en la lectura de “Música de cámara” tenía, efectivamente, la impresión de hallarme ante una obra de cámara llevada “transliterada” en texto literario. Porque las diferentes voces de los personajes se integran en un conjunto armónico que “suena” perfectamente afinado. Las voces narrativas que aparecen son la de Arcadia, que actúa a modo de primer violín, secundada, más bien diría acompañada, por las voces narrativas de Javier y de sus padres, de Dalmau Rovira, ese sacerdote ultra ortodoxo y de Toni Puig. La segunda parte transcurre en una noche del año 1984 (veinticuatro años después de donde terminó la primera parte). Esta segunda parte está estructurada en varias “secciones”. La primera sección es puramente narrativa y de una belleza, un refinamiento y una sensibilidad que, personalmente, me ha encantado. A continuación Rosa Regàs nos plantea dos secciones en forma dialogada entre los protagonistas, pero sobre este tema me extenderé un poco más adelante. Llegados a este punto me voy a permitir una breve digresión para contestar algunos correos, que algunos amables lectores de este blog han tenido la gentileza de remitirme, agradeciéndome las explicaciones técnicas a la hora de analizar las obras literarias. Pienso que el conocimiento de la técnica, en cualquier rama de las artes, resulta imprescindible para valorar y así poder “paladear” las obras de arte. En cierto modo, todos estos detalles técnicos que analizo tienen la finalidad de ayudar a “disfrutar” al lector de un texto literario, no sólo valorando si la historia nos ha gustado o no, que sería una reducción muy simple, sino reparando en los recursos que el artista pone en liza para convertir la narración de esa historia en Literatura.




Comencé este análisis hablando de la garantía que me ofrecía “a priori” que el Jurado que otorgó este premio estuviese integrado por dos grandes escritores y poetas. Y efectivamente “Música de cámara” es una novela con una gran carga poética que sublima, con esa hermosa prosa, esta historia de melancolía, de incomprensión, en definitiva de una nostalgia que terminará, poco a poco, atrapando también al lector. Os tengo que confesar que ha habido bastantes momentos en que la autora ha conseguido emocionarme con su relato. Sin duda alguna por la carga emotiva de la narración, pero también por su delicadeza y por esa prosa ubérrima y tan llena de imágenes y resonancias. Rosa Regàs al comienzo de cada capítulo nos deja algunos versos de algunos de nuestros grandes poetas. En algunos casos esos versos contienen ese germen poético del sentido del capítulo. No puedo dejar de citar el verso que aparece en el primer capítulo de D. Antonio Machado, por su gran valor simbólico y cómo ese verso ya nos marcará todo el tono de la novela: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Para comprender la importancia de este verso en el tono de la novela, que por cierto tantas controversias filológicas ha deparado y seguirá deparando, no me resisto a contar, brevemente, su génesis. Cuando la ciudad de Barcelona ya estaba a punto de ser tomada por las tropas “nacionales”, a finales de enero de 1939, D. Antonio Machado ya muy enfermo y envejecido consigue salir de la ciudad junto con Joaquín Xirau Palau, gracias a una ambulancia que les facilitó José Puche Álvarez, a la sazón Director General de Sanidad. Después de muchas penalidades consiguió cruzar la frontera y llegó a Colliure (Francia) el 28 de enero, falleciendo el 22 de febrero en el Hotel Bugnol-Quintana. Tres días después falleció su madre Dª Ana Ruiz. En un bolsillo del misérrimo abrigo del poeta solo encontraron un trozo de hoja con un solo verso: “Estos días azules y este sol de la infancia”.




Rosa Regàs nos muestra en esta novela, una vez más, su facilidad para la creación de los personajes y para dotarles de vida y profundidad. En “Música de cámara” la autora nos va a desplegar una amplia panoplia de personajes, incluso los más episódicos y secundarios, que tendrán algo que añadir, algo que mostrar para completar el mosaico de la novela. Entre los personajes más importantes de la novela me atrevería a destacar a la ciudad de Barcelona, que en manos de Rosa Regàs luce en todo su esplendor y belleza. Asimismo veremos, en la segunda parte de la novela, como la propia ciudad ha acusado también ese paso de los años, esa llegada de la Transición tras la dictadura. Me resultaría muy difícil tener que decantarme por un solo personaje de esta novela. Arcadia, Javier, Dario, Tony Puig, la tía Inés, Tobías… Pero si tuviera que verme en la tesitura de elegir creo que el personaje, en conjunto, más interesante tanto por su evolución a lo largo del relato, como por su complejidad desde un punto de vista creativo sería el de Javier.




“Música de cámara” es una mirada retrospectiva, en el que la autora nos plantea unos personajes que echan la vista atrás con cierta melancolía, que no añoranza quede claro, a ese amor que quedó indeleble en sus almas durante unos años especialmente duros que, por desgracia se vivieron en España bajo una feroz dictadura militar. No me atrevo a afirmar que pueda ser una novela con ciertos tintes autobiográficos, pero sí estoy seguro de que en esta novela hay muchos recuerdos y mucha vida de la autora que se enfrenta, con valentía, a aquellos años tan difíciles. Me voy a permitir transcribir un par de fragmentos que, en mi opinión, dan una visión muy completa de cómo éramos los españoles en aquella época que, afortunadamente, nos parece ya tan lejana y que Rosa Regàs sabe reflejar con tanta maestría. En ambos queda muy bien retratadas algunas claves que explican la idiosincrasia del pueblo español.









“La pureza, queridas niñas – nos llamaba cuando se trataba no de gramática o aritmética sino de los pecados de la carne- es la virtud por excelencia de la mujer. Una mujer sin pureza es lo más repugnante que pueda imaginar la mente humana (…)  Hay que hurgar (en la memoria) hasta descubrir nuestra oculta intención Somos las mujeres las que incitamos a los hombres al pecado. (…) Somos nosotras las responsables del pecado original y con él de todos los vicios del hombre…”





“Flora – le decía Pío Baroja a mi madre cuando compartieron pensión en París a donde ella había ido desde Toulouse en busca de papeles para legalizar nuestra situación – Flora no llore usted. Ahora está usted en el túnel y lo ve todo negro. Pero no llore, Flora, no se preocupe, después de un túnel siempre viene otro”.




Rosa Regàs es una escritora que inició muy tardíamente su carrera literaria como si, de alguna manera, antes hubiese tenido que experimentar e interiorizar la vida antes de volcarla sobre el papel. La autora en “Música de cámara” nos presenta una novela intimista, de sentimientos, escrita con un clara intención (y pretensión) de crear Literatura (con mayúsculas) y no con el objetico, como una gran parte de los autores actuales, de vender decenas de miles de ejemplares. La lectura de esta novela proporcionará un auténtico placer estético tanto por la belleza de su construcción como por la tersura y “flexibilidad” de su ubérrima prosa que se irá amoldando a las distintas voces narrativas. Me permito recomendar al lector que extreme la atención para observar cómo la prosa se adapta a cada personaje, dotando de un extraordinario realismo la narración puesto que nos ofrece la impresión de que la obra ha sido escrita por cada uno de los personajes-narradores. Rosa Regàs como ya comenté es un narradora de una sensibilidad exquisita. Para ilustrar esta aseveración me voy a permitir transcribir un párrafo que nos muestra, bien a las claras, esta capacidad evocadora de su prosa. En este fragmento, con una belleza y una elegancia apabullante, nos va a describir, desde fuera, la monotonía en una pareja después de toda una vida juntos. Es un fragmento delicioso en el que la autora, con una gran capacidad de síntesis va a transmitir al lector lo que otros autores necesitarían decenas de páginas.




“Una única mesa estaba ocupada por una pareja de mediana edad, como nosotros, pensé sorprendido, que, sin mirarse, atentos cada cual a la pajita que habían introducido en un refresco, bebían con una lentitud sosegada que me hizo pensar en el ritmo de una tarde de domingo, y cuando tuvieron el vaso por la mitad dejaron de sorber, descansaron los dos casi en el mismo momento, pero siguieron sin hablarse. Ella descansó la espalda en el respaldo de la silla afianzándose como para pasar mucho rato y él, apoyando la suya en el alto zócalo de madera que cubría la pared, cogió con un par de dedos un cigarrillo del paquete que tenía en el bolsillo de la americana, lo hizo botar sobre una pitillera de plata que tal vez le habría regalado ella con sus iniciales grabadas en la tapa, lo encendió después y comenzó a fumar mirando abstraído al techo., La mujer llevaba el cuello envuelto en un pañuelo de color crema que se arreglaba constantemente y los párpados tan azules y las pestañas con tanto rímel que era difícil saber hacia dónde miraba, y cuando dejaba el pañuelo la emprendía con una piel del dedo índice que mordía con cierta obsesión, como si quisiera dejar completamente liso el blando de la uña. No tenían demasiado que decirse, llevarían juntos muchos años y tal vez sus hijos ya tenían su propio hogar; se habían quedado solos, pues, siguiendo una costumbre iniciada hacía décadas, habían salido como cada miércoles al cine o al teatro y luego habían decidido – una rutina convertida en ritual – tomar un refresco o un café con leche antes de volver en silencio a casa”.




Como comentaba más arriba “Música de cámara” es una novela deliciosa con multitud de detalles técnicos, de buena literatura, que es un auténtico placer paladearlos. Por ejemplo sugeriría al lector que reparase, por ejemplo, en el comienzo de la novela. Arcadia nos va a narrar (en primera persona) su llegada al tren e inmediatamente pasa al modo condicional para contarnos, si hubiese estado su padre qué es lo que hubiese ocurrido. Este “arranque” en modo condicional servirá para enfatizar y aumentar el dramatismo del hecho de la ausencia de su padre al enfrentarlo a la “hipótesis” que estando su padre todo hubiera sido diferente. Sin embargo, a pesar del entusiasmo que me ha producido esta novela tengo que ser fiel a mi conciencia y a mi modo de entender este maravilloso arte de la literatura y no puedo obviar algunos detalles que, en mi opinión, no me han satisfecho tanto. Y me duele tener que decirlo porque me han apenado ya que, por desgracia, no puedo sustraerme a ellos a la hora de hacer una valoración de esta, por lo demás, magnífica novela. Intentaré explicarme lo mejor posible sin “reventar” la novela que, por cierto, recomiendo encarecidamente su lectura a aquellas personas que disfruten con la buena literatura. El personaje de Arcadia, a lo largo de la novela, asistirá a unas clases de gimnasia por las que incluso abandonará su pasión por la viola. Pues bien, todo este hilo argumental, en mi opinión, insisto, me ha parecido excesivamente forzado y muy traído “por los pelos”, si bien necesario por sus consecuencias en el desarrollo posterior de la trama marcando un punto de inflexión narrativo. Sin embargo, personalmente, no me ha convencido ni su planteamiento ni la resolución que le da la autora. Por otra parte, el otro detalle que no me ha convencido mucho ha sido, ya en la segunda parte de la novela, un largo diálogo que mantienen los personajes, veinticuatro años después de no verse, sobre la democracia, la dictadura y la transición en España. En mi opinión, cuanto menos, resulta poco “procedente” sobre todo considerando el contexto de ese reencuentro. Sin embargo, en la segunda sección de ese diálogo la autora está, sencillamente, genial.




La condición de exiliados políticos de los padres de Arcadia, que hizo que ella viviese muchos años en Francia como creo que le ocurrió a la propia autora. Los años que ha vivido Arcadia en el extranjero le dan otra perspectiva de la realidad española, que le permite tomar distancia a la hora de opinar sobre nuestro país. En la segunda parte del libro hay multitud de ejemplos, por poner uno transcribiré este breve párrafo para situar al lector sobre este particular.




“España es un país sin memoria y por lo tanto sin pasado, y cree, porque así se lo han machacado a su gente, que lo que ha sucedido, cuando pertenece a un capítulo de la Historia que no interesa recordar al gobierno o al régimen de turno es mejor olvidarlo. Todo nos vemos afectados por la falta de memoria de la Transición, que ha sido así por herencia de un largo pasado profundamente desmemoriado, sean política, en cultura, en conquistas o en delitos”.




En una novela tan poética, y por lo tanto tan musical como ésta, veremos que, aparte de la mención explícita de su título, el texto está repleto de connotaciones musicales sonidos. La autora circunscribirá algunos de los momentos más importantes de la trama con fragmentos musicales, como si buscase una intención de reforzar aún más su expresividad apoyándose en la propia música. El cuarteto “La muerte y la doncella” de Schubert, el concierto nº 1 para piano de Beethoven, la sinfonía nº 38 de Praga de Mozart, entre otras, otorgarán esa hermosa “banda sonora” a la novela. “Música de cámara” es una novela escrita con mucho detalle y con una “ambientación” muy cuidada. A lo largo del libro se aprecia esa labor de orfebre que la autora pone en su escritura. Esta minuciosidad, esta escritura tan puntillosa, dicho de un modo elogioso, es digna de reseñarse. Un ejemplo de esta cuidada “ambientación” lo tenemos en que en la primera parte, en plena dictadura, se referirán al “Palacio de la Música”, sin embargo en el reencuentro en 1984 ya se referirán al “Palau de la Música”. Como bien saben los amigos lectores de este blog literario, siempre hago mucho hincapié en la importancia de saber “rematar” una novela. En el caso de “Música de cámara” asistiremos a un hermoso y bellísimo final en un “pianissimo” en el que esa última nota, mantenida, etérea, se irá desvaneciendo suavemente hasta extinguirse en un soberbio y emotivo silencio final.




Como por desgracia suele ser habitual con las buenas novelas, me entristece comprobar la cantidad de notas, apuntes y bosquejos, la mayoría muy interesantes, que van a quedar inéditos en mi cuaderno de notas por falta de espacio. Sin duda alguna esta reseña me ha salido un poco larga pero, por más que lo he intentado, no he podido reducirla mucho más sin menoscabar el libro analizado. A modo de resumen final sí me gustaría recomendar la lectura de esta novela por todo lo comentado con anterioridad, especialmente destinada a aquellos lectores de un paladar exquisito que sepan emocionarse con un texto tan delicado, que desborda tanto sentimiento y tanta belleza literaria. Desde este modesto blog literario me gustaría felicitar a Rosa Regàs por esta extraordinaria novela y por enseñarnos que, en medio de la podredumbre y de las miserias las flores, ajenas al dolor humano, cuando llega la primavera, siguen germinando.




“ Non c´è cosa piú amara che l´alba di un giorno/ in cui nulla accadrà. Non c´è cosa più amara/ che l´inutilità…
(No hay cosa más amarga que el alba de un día/ en el que nada sucederá. No hay cosa más amarga/ que la inutilidad)
Lo steddazzu (Cesare Pavese)




Dicho todo lo cual, y tomando en consideración todo lo referido con anterioridad, así como intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a manera de entender el arte literario, creo que la puntuación que haría más justicia, a la hora de valorar y juzgar la novela “Música de cámara” de la escritora barcelonesa Rosa Regàs sería de un 8,25/10.


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar esta reseña os dejo dos vídeos. El primero corresponde a una interesante entrevista que concedió la autora. El segundo es el 4º tiempo, presto, de la Sinfonía nº 38 "Praga" de Mozart, dirigida por Karl Böhm, este fragmento lo he escogido porque es la música que suena en uno de los momentos culminantes de la novela)



 

lunes, 22 de julio de 2013

El pantano de las mariposas. Federico Axat.



Título original: El pantano de las mariposas.
Autor: Federico Axat.
Editorial: Destino.
Colección: Áncora & Delfín.
ISBN: 978-84-233-4687-5.
Fecha de publicación: 4 de junio de 2013.
Nº de páginas: 496.
Precio: 19 €.





“No hay mayor placer que el de encontrar un viejo amigo,
salvo el de hacer uno nuevo”.
(Rudyard Kipling)




“Nunca he vuelto a tener amigos
como los que tuve a los doce años.

¿Acaso es posible?”
(El personaje de Gordie Lachance
en la película “Cuenta conmigo”)




Tal vez sea por deformación profesional, tengo que reconocerlo, pero siempre que leo algún libro, aunque no sea más que por puro placer, sin pretender analizarlo o estudiarlo, suelo dejar algunos apuntes, a modo de ficha del autor y de la obra que he leído, formando una especie de “bitácora” al que, con mucha frecuencia, suelo acudir para mi actividad laboral. Había leído, con anterioridad, dos de las novelas que había publicado hasta ahora el joven escritor porteño Federico Axat: “Benjamín” y “El aula 19”. A pesar de la dispar opinión que produjeron ambos libros en mí, no dudé en señalar en mi ficha a Federico Axat, como un autor interesante y “a seguir” en su carrera literaria. Así es que, como resulta evidente, tenía mucha curiosidad e interés por leer “El pantano de las mariposas”, última novela publicada por este autor, y que, además, ha sido publicada en España por un prestigioso sello editorial, como es Ediciones Destino, que ha hecho una sólida apuesta por esta novela con un más que apreciable esfuerzo publicitario y de marketing.




Antes de entrar propiamente en el minucioso análisis de la última novela de Federico Axat, me gustaría, a modo de marco general en el que circunscribir el tono de esta reseña, adelantar, grosso modo, mi opinión sobre el libro. “El pantano de las mariposas” me ha parecido un libro desigual que junto a algunos momentos francamente deliciosos, y en los que el autor nos demuestra una “inteligencia” literaria que le ayuda a vadear las dificultades propias de un texto literario de la complejidad que Federico Axat nos plantea (me detendré especialmente en esta cuestión a lo largo del análisis), aparecen otros en los que, en mi opinión, al autor se le va de la mano la narración. Por ejemplo toda la parte relativa a los extraterrestres me ha parecido “metida a calzador” y, sobre todo, pésimamente resuelta dejando ese hilo argumental en un “limbo” ambiguo e irresoluto. Sin embargo, desde un punto de vista estético, como veremos un poco más adelante, Federico Axat volverá a hacer gala de una hermosa prosa con algunos momentos de una indudable belleza formal y de un lirismo arrebatador.




Como es habitual y antes de entrar, propiamente, en el análisis literario de la novela, creo que lo más conveniente, llegados a este punto, sería pergeñar una breve sinopsis argumental, con la loable intención de situar al eventual lector de estas líneas, en el texto objeto de estudio. Para este fin voy a transcribir, integra y literalmente, la recensión que ha preparado Ediciones Destino para la publicación de la novela.




“Las desapariciones de personas en confusos episodios se suceden año tras año en Carnival Falls. Pero donde algunos ven tragedias sin conexión, otros aseguran que existe un patrón común, y que detrás de ellas hay algo más oscuro que simples accidentes.



En 1985, Sam y Billy tienen doce años y se preparan para lo que suponen será un verano grandioso: excursiones por el bosque, largos paseos en bicicleta y la postergada construcción de la casa del árbol. Sin embargo, la llegada a la ciudad de una niña de clase alta llamada Miranda, cuya belleza no les dejará indiferentes, lo trastocará todo. Juntos transitarán ese intrincado paso de la niñez a la adolescencia, un camino de aprendizaje y revelaciones, y se embarcarán, casi sin proponérselo, en una aventura que podría llevarlos a conocer la verdad detrás de las desapariciones. 
Un pacto de amistad los guiará en un verano imborrable, un tiempo de metamorfosis que marcará el inicio de muchas cosas, y también el final de su infancia.



Novela de crecimiento y suspense con sugerentes incursiones en lo fabuloso, El pantano de las mariposas sumerge al lector en una rara fascinación para conducirlo con hábil pulso hasta un sorprendente giro final”




Me ha parecido pertinente iniciar este análisis literario con una cita del gran escritor británico (aunque nacido en la India) y premio Nobel Rudyard Kipling (1865-1936) porque, al igual que Federico Axat, a lo largo de la obra del gran escritor británico aparece una constante preocupación por ese indefinible paso de la infancia a la juventud y al que tantas y tantas páginas dedicó en su obra. Federico Axat es también un autor preocupado por ese paso tan “vital” y que tanto marca el devenir del ser humano. Es evidente que Axat se encuentra cómodo  en ese “registro” y además lo hace bastante bien. Los lectores habituales de este blog literario saben que, incluso con grandes autores, siempre he sido muy crítico sobre la manera de dar vida a los personajes infantiles. Siempre me ha parecido que eran niños que pensaban, hablaban y actuaban con una madurez totalmente impropia de su edad, que conseguía distanciarme y hacerme increíble el personaje. Al principio de esta reseña ya advertía sobre la “inteligencia” literaria de Federico Axat y en “El pantano de las mariposas” nos lo vuelve a demostrar. Sus personajes infantiles, por llamarlos de alguna manera porque tienen unos doce años, resultan creíbles, acordes con su edad. A ello también ayuda que, a pesar de que la novela está narrada en primera persona por uno de los personajes, Sam, al final de la novela, y es una de las sorpresas que nos guarda en el epílogo este libro, ocurrirá algo que dará mucha más coherencia a todo el relato ( y hasta ahí puedo leer para no reventar la novela). “El pantano de las mariposas” es un loable intento de acercarse a esa época mágica de nuestras vidas, a esa edad en que intentamos encontrar nuestro lugar en el mundo y descubrir la vida. Sin duda alguna el autor consigue, a los que ya hemos cumplido una cierta edad, devolvernos esas sensaciones y esos recuerdos que los años han arrumbado a los “trasteros” de nuestra memoria. Pero, no cabe duda, que, entre otras influencias, Axat bebe de la inmortal obra de Mark Twain “Las aventuras de Tom Sawyer”. Así como, si profundizamos en el análisis formal de la novela y en el uso de las escenas y su disposición en la estructura dramática resulta más que evidente que “El pantano de las mariposas” es una novela claramente deudora de la sintaxis narrativa propia de la cinematografía, como por otra parte es cada día más habitual en la literatura contemporánea, especialmente en los autores más jóvenes y noveles que aún no han encontrado su propia voz narrativa.




La novela está narrada, fundamentalmente, en dos grandes planos narrativo-temporales, correspondientes a los años 1985 y 2010. Excepto el prólogo que se remonta al 10 de abril de 1974, fecha del accidente de tráfico en el que muere la madre de Sam. Axat vuelca toda su sensibilidad en este prólogo que está escrito con una belleza y una delicadeza que, en mi opinión, contiene algunos de los momentos más inspirados, desde un punto de vista estético, de una gran belleza lírica. Me voy a permitir transcribir un fragmento, paradigmático, para mostrar toda esta prosa tan hermosa y sugerente.



“Todo ha sucedido a una velocidad asombrosa. El silencio que sucede al accidente es tan profundo que la lluvia y los truenos tardan en volver a hacerse oír.
Al principio no veo nada. Parpadeo una y otra vez sin otro resultado que una negrura absoluta. El gorjeo de la tormenta es mi único nexo con la realidad. Cuando intento moverme, las correas me lo impiden. Descubro con horror que ni siquiera puedo gritar o romper en llanto; apenas hincho el pecho, un insoportable ardor me hace callar. Finalmente sacudo la cabeza, como minutos atrás lo hiciera con alegría para maniobrar mi velero imaginario, pero ahora con el único propósito de liberarme de la aterradora capucha de oscuridad. Entonces mi frente choca con algo. Decido permanecer inmóvil mientras los contornos comienzan a bosquejarse. Lo que tengo delante es una gran abolladura del techo que forma una curva milagrosa sobre mi cuerpo. Mamá debe de estar al otro lado, razono con desesperación. No puedo oírla, pero debe de estar allí.
El coche descansa sobre uno de sus lados, pero mi silla sigue afirmada en el centro del asiento trasero. Moverse en semejante posición, con el techo a escasos centímetros y las correas ejerciendo presión, resulta imposible. Estiro el cuello todo lo que puedo, hasta que mis ojos están muy cerca de la chapa, y así logro divisar el espacio entre los dos asientos delanteros. Lo que veo me hiela el corazón.
El rostro de mamá se ha convertido en un globo blanco de ojos inexpresivos atrapado en una telaraña roja. Su mirada vacía me atraviesa.
—Mami —musito con un hilo de voz.
No puedo dejar de mirarla. El cuello me duele a causa de la posición pero no puedo apartar mis ojos del único ser querido que tengo en el mundo.
En algún momento pierdo el conocimiento, o eso creo”.





Federico Axat nos va a proponer, en esta novela, ese primer enamoramiento, ese descubrimiento por parte de los protagonistas del amor. El autor nos lo va a narrar con una sensibilidad y una maestría que, sin duda alguna, como ya comenté un poco más arriba, nos va a traer muchos recuerdos, porque Axat sabe tocar la fibra sensible del lector porque, sin duda alguna, le sobra talento para este tipo de historias en las que tan cómodo se encuentra. Los personajes están dotados de vida y profundidad especialmente el personaje de Sam que al ser el narrador de la novela nos va a permitir, a través de sus ojos, acercarnos a esta historia. Tengo que reconocer que resulta difícil no caer enamorado del personaje de Miranda, contemplándola a través de los ojos fascinados y enamorados de Sam. Y será difícil que no se nos pongan “la piel de gallina” viendo qué fue de su vida con el paso de los años… No me gustaría dejar de citar a todos esos personajes “secundarios” esos niños, tan bien perfilados, que comparten con Sam su estancia en la Granja (una especie de orfelinato). Por supuesto no podemos obviar a Sam, el personaje que de mayor llegará a ser escritor, y que, estoy seguro, que en cierto modo, haces las veces del “yo narrativo” del autor. En un fragmento de la novela, con mucho sentido del humor, el autor nos habla de los métodos que utilizan algunos editores para ver si una novela merece la pena ser publicada:




“Mi jefe en Doubleday en ese momento era Edward Perry, un hombre con visión e instinto que llegaría muy lejos en el mundo editorial. Cuando le entregué el manuscrito, con cierto aire de suficiencia debo reconocer, pensó que le estaba gastando una broma. Le dije que aquello iba en serio, que escribía prácticamente desde que me orinaba en la cama, y que había esperado hasta tener algo que valiera la pena para que él lo viera. Debí de decirlo con convicción, porque su expresión cambió y me dijo que le echaría un vistazo el fin de semana y que el lunes me daría una opinión inicial tras leer algunas páginas. Perry valoraba los textos según un método que él mismo había autodenominado «Los tres niveles de Perry». Primero abría el libro al azar y leía una página. Si le gustaba el estilo, el primer nivel de Perry estaba cumplido y leía otra cualquiera. Luego una tercera. Si creía que lo que tenía entre manos tenía potencial, se alcanzaba el segundo nivel de Perry y leía los dos o tres primeros capítulos. El paso siguiente, o tercer nivel de Perry, era leerlo completo. Me dijo que no haría una excepción conmigo”.




Como ya he comentado en alguna otra reseña, me reconozco un enamorado de la prosa de los escritores hispanoamericanos, por su riqueza léxica y el sobreabundante y colorido uso de palabras que, por desgracia en el castellano que se habla en España han quedado obsoletas y olvidadas. A lo largo de la novela hay varios exquisitos ejemplos del uso de esa riqueza léxica que, para no alargar en exceso esta reseña, me voy a resistir a transcribir.



Al principio de este análisis comentaba que “El pantano de las mariposas” comentaba que esta novela me había parecido, en algunos aspectos desigual. Fundamentalmente, como dejaba entrever, es por el uso, en mi opinión inapropiado y mal resuelto, del tema de “los extraterrestres”. Pienso que esa “supuesta” aparición alienígena perjudica el resultado final de la novela, fundamentalmente porque no era estrictamente necesaria para el desarrollo coherente y formal de la trama y, por otra parte, porque ahí Federico Axat no se muestra incapaz de encontrar una “solución” convincente. No quiero profundizar mucho más al respecto para no “reventar” la novela pero estoy seguro que los amigos lectores que ya hayan leído la novela entenderán, perfectamente, a que me quiero referir.




Después de un análisis tan largo y prolijo como el hice en mi última entrega dedicado a la novela “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, creo que no debo alargarme ya mucho más en la presente reseña. Van a quedar bastantes detalles técnicos dignos de aparecer en un análisis literario, pero los omitiré en aras a no exceder la extensión aconsejable para una reseña literaria.



A modo de resumen final si me gustaría consignar algunos puntos, en mi opinión fundamentales, a la hora de enjuiciar esta novela de Federico Axat. En primer lugar me gustaría señalar que es una novela, en líneas generales, de una lectura entretenida y muy apropiada para estas fechas estivales, pues no nos va a demandar una “atención” especial por su complejidad narrativa. Como ya es habitual en las novelas de Federico Axat nos va a reservar, al final de la novela, un giro de guión que cambiará completamente la óptica de la novela y nos ayudará a entender algunas cosas. Por lo que es obligado leer la novela hasta el final. Esto me da pie, brevemente, para reafirmarme en mi teoría, al menos yo lo hago así, que nunca se puede, o por lo menos se debe, juzgar una novela hasta no haber leído la última línea… También me gustaría destacar el acierto de Ediciones Destino por la magnífica portada de la novela… (y hasta ahí puedo leer).




 “El pantano de las mariposas” es un texto con un fuerte sabor a nostalgia, a melancolía de un tiempo pasado que, sin duda alguna, fue mejor… y, como diría el gran Joan Manuel Serrat en su bellísima canción “Aquellas pequeñas cosas” … son esas pequeñas cosas que nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.




Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo expuesto más arriba e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender el arte de la literatura, creo que la puntuación que más justicia haría a “El pantano de las mariposas” del joven escritor argentino Federico Axat sería de un 7,25/10.


© Luis Alberto Cao


(Para ilustrar la reseña os dejo el video de la canción “Aquellas pequeñas cosas”  de Joan Manuel Serrat a la que, inexplicablemente, mi cabeza la asociaba conforme leía la novela…)