sábado, 2 de junio de 2012

El enredo de la bolsa y la vida. Eduardo Mendoza.


Título: El enredo de la bolsa y  la vida.
Autor: Eduardo Mendoza
Editorial: Editorial Seix Barral.
Colección: Biblioteca breve.
ISBN: 978-84-322-1000-6.
Fecha de publicación: 10 de abril de 2012.
Páginas: 272.





Tengo que reconocer, sin ambages, al comienzo de esta reseña, que es para mí todo un placer y un honor traer a este blog literario a un escritor, a un artista, de la talla de Eduardo Mendoza. Autor dotado de un talento y de una originalidad estilística que le hace inconfundible, como analizaremos detenidamente a lo largo de esta reseña. Auténtico maestro de la ironía y creador y “revolucionador” del uso del lenguaje, como veremos más adelante, con algunos ejemplos que nos permitirán analizar, aunque sea someramente, la maestría de nuestro autor.



A modo de exordio y para fijar, de algún modo, mi opinión general sobre “El enredo de la bolsa o la vida” del escritor barcelonés Eduardo Mendoza, tengo que decir que, en mi opinión, se trata de una magnífica y extraordinaria novela satírica, con un sentido del humor fino, inteligente y elegante, en algunos momentos francamente hilarante, y un dominio del lenguaje y de la técnica apabullante y absoluto. Y tengo que reconocer que, en algunos instantes, me parecía estar leyendo, redivivas,  gracias al talento de Eduardo Mendoza, algunas de nuestras obras satíricas y picarescas de nuestro Siglo de Oro.



Tras la lectura de la novela, no he podido sustraerme a la comparación con la anterior novela que reseñé “El abuelo que saltó por la ventana y se largo” de Jonas Jonasson. Ambas novelas tienen algunos puntos en común: un planteamiento surrealista, que están escritas en clave de humor, que parodian las novelas de género negro... y poco más. No hay punto de comparación entre la calidad, la técnica, el humor inteligente (nada que ver con ese humor grueso, burdo y escatológico, como se puede comprobar en algunas escenas de la novela del escritor sueco), el dominio del lenguaje..., entre la novela de Eduardo Mendoza y la de Jonas Jonasson. Entonces, la duda que me cabe es, ¿Cómo es posible que el Sr. Jonasson (con su primera novela) se ha haya convertido en un fenómeno editorial a nivel planetario, muchísimo mayor que el de Eduardo Mendoza (después de casi 40 años de carrera), con una novela claramente inferior a “El enredo de la bolsa o la vida?” Misterios arcanos e inescrutables del mundo editorial. ¡Qué mala suerte que Eduardo Mendoza, tenga ese nombre y apellido de origen hispánico!, probablemente de haberlos tenido de origen escandinavo hubiese vendido infinitamente más libros y sería mucho más conocido en todo el mundo (aunque, de lo que estoy seguro, es de que mejor no podría escribir).



Después de todo este largo exordio, poco habitual en mis reseñas pero creo que resultaba imprescindible en este caso, y como suele ser habitual, sobre todo para situar y contextualizar el objeto de este análisis, de cara al eventual lector de estas líneas, creo que lo pertinente es presentar un somera sinopsis argumental de la novela que estamos analizando “El enredo de la bolsa o la vida”. Creo que, sobradamente, cumple con este  propósito la recensión que nos presenta del libro la propia editorial Seix Barral, por lo que me limitaré, únicamente, a transcribirlo literalmente:



“El anónimo detective de El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras regresa a la acción en tiempos de crisis. Contra su voluntad, es decir, movido por la amistad y sin un euro en el bolsillo, vuelve a ejercer de insospechado sabueso en la Barcelona de hoy en una carrera contrarreloj por desarticular una acción terrorista antes de que intervengan los servicios de seguridad del Estado.
Años después de dejar el sanatorio mental donde compartieron celda, Rómulo el Guapo le propone un golpe a nuestro protagonista. Su negativa y la misteriosa desaparición de Rómulo serán el arranque de un enredo para resolver un caso de repercusiones internacionales con la ayuda de un infalible equipo: la adolescente Quesito, el timador profesional Pollo Morgan, el africano albino Kiwijuli Kakawa, conocido como el Juli, la Moski, acordeonista callejera, el repartidor de pizza Manhelik y el señor Armengol, regente del restaurante ‘Se vende perro’.
Eduardo Mendoza regresa con una sátira genial, como las que sólo él sabe hacer. En ella la fábula crea su propia verosimilitud, que es, paródicamente, la del género policial, y la de la farsa convertida en apólogo moral. No se puede contar el libro sin una sonrisa; pero es imposible leerlo sin carcajadas, y sin comprender que en la Europa en quiebra técnica que habitamos no basta con el humor dinamitero e inventivo: es preciso, además, el don de la lucidez”.




Ya desde las primeras líneas de “El enredo de la bolsa o la vida”, Eduardo Mendoza nos da toda una lección, de maestría, de técnica, de cómo debe ser el arranque de una novela para captar la atención y motivar el interés del lector. No quisiera, de ninguna de las maneras, “reventar” la historia, porque es una novela que merece la pena leerse, pero, a modo de pincelada, recomiendo al lector, la hilarante escena en el paraninfo de la Universidad de Barcelona, que propiciará el reencuentro del protagonista con Rómulo el Guapo que dará pie, argumentalmente, a la novela. En mi opinión el propio Eduardo Mendoza, consciente de que está narrando una historia picaresca del siglo XXI, hace un guiño a la novela picaresca de nuestro Siglo de Oro con ese habla arcaizante, casi cervantina, y nos permite observar su dominio en el uso de lenguaje:


 “De modo que firmé, fuese el cartero, abriose el sobre (con mi ayuda) y pasmome hallar en su interior una lustrosa cartulina”.



“El enredo de la bolsa o la vida” es la cuarta entrega de la serie de este peculiar y anónimo peluquero metido a detective, o tal vez, mejor dicho, anónimo detective metido a peluquero, no queda muy claro. En cualquier caso, y bromas aparte, esto no supone ningún problema a la hora de leer la novela puesto que representan historias independientes y no resulta necesaria una lectura en orden cronológico. En este tipo de novelas “de humor” (pero no frívolas), de una cierta carga satírica, vemos que Eduardo Mendoza se maneja como pez en el agua. De hecho, en mi opinión, “El enredo de la bolsa o la vida” es una de sus mejores novelas de estos últimos tiempos. En ella el autor con su mordaz ironía, se va a permitir despotricar, prácticamente, contra todo, pero suavizándolo a través del prisma del humor; eso sí, sin dejar de poner el dedo en la llaga. En esta novela, fundamentalmente, el autor nos hará reflexionar sobre la tan manida y nefasta crisis que nos asola.



En toda la narración me ha parecido especialmente destacable el acertado e impecable, sentido del ritmo de la narración. El autor en ningún momento se le ve desbordado por la historia que nos está relatando, vemos que siempre, en todo momento, controla él la narración, y no la narración a él, como suele ser habitual en muchas novelas que leemos en la actualidad. Aparentemente, a primera vista, podría parecernos demasiado simple en su estructura y desarrollo, pero si profundizamos un poco más en su análisis, resulta evidente la coherencia y cómo todas las piezas encajan, como por arte de magia; mejor dicho por arte del talento y del oficio de Eduardo Mendoza. Únicamente, y más que nada lo digo a modo anecdótico he detectado un error o incoherencia en la novela, pero prefiero referirme a ello al final de esta reseña.



En esta interesante novela, narrada en primera persona por el protagonista, me ha llamado la atención, al igual que en las anteriores de la serie, que en ningún momento se cita expresamente el nombre del personaje, ni siquiera su descripción física o moral. Todo lo que podemos saber de él, lo conoceremos a partir de referencias indirectas. El protagonista, al igual que los personajes que pueblan esta novela, parecen sacados de una película del neorrealismo italiano. Esos personajes que intentar vivir, mejor dicho sobrevivir, en medio de las dificultades e incluso la miseria diaria a la que nos empuja la crisis pero, sin embargo, dotados de ese sentido de la “decencia”, de esa moral cimentada en unos ciertos valores.


Otro de los puntales, fundamentalmente, sobre los que se cimienta esta novela es el uso que hace del lenguaje Eduardo Mendoza. En “El juego de la bolsa y la vida” (obsérvese el doble sentido tan irónico que ya tiene el propio título) el autor despliega un dominio absoluto del uso del lenguaje, una auténtica lección magistral de este artista de la palabra. A lo largo del texto el autor desplegará todos las figuras retóricas y los recursos estilísticos imaginables: sinécdoques, metonimias, metáforas, alegorías, hiperbatones, aliteraciones, etc, etc... (me encantaría poder entrar más en el análisis de todas las figuras de que hace uso Eduardo Mendoza, pero sería un despropósito dentro del fin de una reseña literaria). Especialmente me gustaría citar el uso tan magistral que hace de la anfibología tan apropiada para una novela de sátira y humor como ésta.



Llegados a este punto voy a permitirme citar algunos fragmentos de la novela, para situar un poco al eventual lector de estas líneas de a qué me refiero. Véase el uso de la ironía y de esa mordacidad que Eduardo Mendoza sabe utilizar con tanta maestría.



“Esperé un rato. Llegaban voces de niños procedentes de la piscina y de adultos procedentes del comedor y el bar al aire libre. También me llegaba un hipnótico olor a carne a la brasa. Era admirable ver cómo aquellos potentados, tan duramente golpeados por la crisis financiera como acababa de saber leyendo un trozo de periódico, seguían manteniendo la apariencia de derroche y jolgorio con el único fin de no sembrar el desaliento en los mercados bursátiles”.


“Cándida había ejercido la prostitución callejera desde la niñez, y aunque había cosechado más cuchufletas que piropos y más palos que propinas y había contraído un verdadero catálogo de enfermedades, no sólo venéreas sino de otra índole, como el escorbuto, la cataplexia, la aerofagia, la podagra, el beriberi, el tabardillo, la fiebre aftosa, el cretinismo, el vómito negro y varios hongos”.


“Llamé desde la cabina y respondió una voz femenina sobre una música acariciadora.
—La verdadera paz está en nuestro interior. Si desea meditar en catalán, pulse uno; si desea meditar en castellano, pulse dos; para otros asuntos, manténgase a  la espera. —Transcurrido un rato, amenizado con flautas y sonajas, la misma voz dijo en tono agrio—: ¿Qué coño quiere?”



Los ejemplos tan interesantes podrían multiplicarse y alargarse “ab infinitum”. Otro de los aspectos, en mi opinión, reseñables es la caracterización de los personajes a partir de sus nombre o sus apodos, en algunos francamente descacharrantes. Descubriremos que el peligroso terrorista se llama “Ali Aarón Pilila” o que el guía espiritual es el swami “Pashmarote Pancha”. Y que decir de toda sea peculiar patronimía de la Barcelona más rancia, cañí y carpetovetónica: El hotel de “La tita Freda”, el bar “El rincón del gordo soplagaitas”, el bar “Se vende perro” en la zona del Paralelo... Todos estos patronímicos y estos motes indudablemente nos van metiendo en ese ambiente barriobajero cutre y casposo, en el que Eduardo Mendoza maneja con un dominio admirable a esa pléyade tan variopinta de personajes.


Dentro de todos esos personajes me gustaría, detenerme un poco en la familia Siau, que son los chinos que regentan el bazar que hay enfrente de la peluquería del protagonista. Eduardo Mendoza a través de esta familia, compuesta por el abuelo, el matrimonio y el niño pequeño, ya muy españolizado, nos hace un certero análisis hace de las diferencias culturales entre ellos y nosotros, e incluso las diferencias entre las diferentes generaciones. El personaje del abuelo resulta encantador y vemos cómo, de alguna manera, el propio abuelo nos explica el por qué de la crisis y el por qué en China no tienen ningún problema de crisis. Y por otra parte veremos al nieto, que es un niño, que está plenamente españolizado y las situaciones tan cómicas que esto propicia. Como ejemplo transcribiré este breve diálogo.



“Hice las oportunas presentaciones, al término de las cuales, el señor Siau le dijo a Quesito:
—Es un bonito nombre: Kwe-Shi-Tow. En nuestra lengua significa Noche de Luna en Verano.
—No es verdad —dijo el pequeño Quim—. Quiere decir Supositorio Caducado.
Su padre le dio un afectuoso y sonoro capón y dijo en tono de disculpa:
—Pequeño Quim, gran mentecato”.



En “ El enredo de la bolsa o la vida”  Eduardo Mendoza aún nos reserva alguna sorpresa más. Y no es otra que la aparición de la Canciller alemana Ángela Merkell, que tiene una intervención descacharrante en el clímax de la novela (y, como decía el clásico: hasta ahí puedo leer....)



Como comentaba un poco más arriba, únicamente he encontrado un pequeño detalle, realmente sin mucha importancia, que, en mi opinión es un gazapo que se le desliza al autor. Al final de la novela el protagonista habla con Emilia, la madre de Quesito. Cuando el protagonista se refiere a la niña llamándola Quesito, Emilia dice que a su hija nunca le han llamado Quesito, que se lo ha inventado ella que es muy embustera. Sin embargo, cuando viene Rómulo el Guapo se refiere a la chica como Quesito. ¿Cómo podía referirse a la niña por ese nombre si se lo había inventado y ni su madre lo sabía?



A modo de resumen, ya que no sería procedente extenderme mucho más en esta reseña, me gustaría dejar constancia de algunos detalles. “El enredo de la bolsa o la vida” me ha parecido una novela espléndida, escrita con una maestría y un dominio técnico que hacen su lectura amena y entretenida. Por otra parte, resulta doblemente de agradecer puesto que además se trata de una novela satírica, escrita con mucho sentido del humor, especialmente en estos tiempos en los que, por desgracia, los anaqueles de las librerías están prácticamente abarrotados de dramas. Eso sí, no hay que confundir que esa una novela cómica, conque sea una novela menor, de segunda fila. Todo lo contrario “El enredo de la bolsa o la vida” de Eduardo Mendoza es una de las novelas más frescas y mejor escritas que se han publicado últimamente. Novela eminentemente pícara, pero con una gran carga de denuncia social, y plenamente esperpéntica y carpetovetónica. Y es por eso, tal vez, que me ha gustado tanto, porque nos encontramos ante una novela diferente al sota, caballo y rey habitual. Además me alegra enormemente saber que está siendo, como aparece en mi página de las novelas más vendidas de ficción en España, la número uno en ventas. Y sobre todo porque, en mi opinión, este libro es la recuperación de un gran escritor como Eduardo Mendoza después del traspiés que dio en su anterior incursión en la novela humorística que fue “El asombroso viaje de Pomponio Flato”.



Dicho todo lo cual y teniendo en cuenta todo lo ya referido con anterioridad, creo que la nota que haría más justicia a la novela “El enredo de la bolsa y la vida” del escritor barcelonés Eduardo Mendoza y de acuerdo a mi modo de entender la crítica y el arte literario sería de un 8,75/10.

© Luis Alberto Cao

(A modo de ilustración de esta reseña os dejo el vídeo de una interesantísima entrevista que se le hizo a Eduardo Mendoza)


martes, 29 de mayo de 2012

El abuelo que saltó por la ventana y se largó. Jonas Jonasson.


Título original: Hundraaringen som klev ut genom fönstret och försvann
Autor: Jonas Jonasson.
Traducción: Sofía Pascual Pape.
ISBN: 978-84-9838-416-1
Editorial: Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A.
Páginas: 416.
Año de edición: 2012.




“El abuelo que saltó por la ventana y se largó” del escritor sueco Jonas Jonasson, que por cierto es su primera novela, ha sido y, de hecho lo sigue siendo, un superventas en todo el mundo, traducida a decenas de lenguas  y, además, ha sido galardonada con varios premios literarios. Con todos esos presupuestos iniciales, me he decidido a reseñar esta novela en este blog literario. Después de una lectura atenta y reposada, indispensable para poder hacer una análisis lo más riguroso posible, me gustaría, a modo de introducción fijar algunos puntos, sobre los que, posteriormente, pivotará la reseña.



Mi impresión sobre esta novela, ha ido variando conforme avanzaba la lectura. Reconozco que al principio me sentí realmente sorprendido, porque, por fin, leía algo diferente a los parámetros habituales y ya tan manidos y trillados, de la literatura actual. El planteamiento inicial me resultó muy original y atractivo, así como ese toque surrealista, permítaseme casi Felliniano, que ya desde el primer momento y durante su desarrollo impregna toda la novela, especialmente en la trama argumental de la alocada huida del abuelo centenario y todos esos dispares personajes que se le van uniendo e implicando en el robo (incluido un elefante). Especialmente desternillantes son las muertes que se van produciendo en la persecución, a cuál más absurda y surrealista. Sin embargo “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” me ha recordado a una botella de vino espumoso, empieza con fuerza y con vigor y servida en nuestra copa resulta de un sabor agradable y refrescante, para terminar en un aguachirle insustancial e insípido que no nos produce más que un cierto hastío y desilusión.



Como es habitual y antes de entrar en un análisis más detallado y profundo, creo que lo más adecuado para centrar y aquilatar esta reseña, será empezar con una somera descripción de la sinopsis argumental de la novela. En esta ocasión voy a transcribir la propia sinopsis que suministra la editorial Salamandra que me parece bastante adecuada y pertinente para los fines que buscamos.


“Momentos antes de que empiece la pomposa celebración de su centésimo cumpleaños, Allan Karlsson decide que nada de eso va con él. Vestido con su mejor traje y unas pantuflas, se encarama a una ventana y se fuga de la residencia de ancianos en la que vive, dejando plantados al alcalde y a la prensa local. Sin saber adónde ir, se encamina a la estación de autobuses, el único sitio donde es posible pasar desapercibido. Allí, mientras espera la llegada del primer autobús, un joven le pide que vigile su maleta, con la mala fortuna de que el autobús llega antes de que el joven regrese y Allan, sin pensarlo dos veces, se sube con la maleta, ignorante de que en el interior de ésta se apilan, ¡santo cielo!, millones de coronas de dudosa procedencia. Pero Allan Karlsson no es un abuelo fácil de amilanar. A lo largo de su centenaria vida ha tenido un montón de experiencias de lo más singulares: desde inverosímiles encuentros con personajes como Franco, Stalin o Churchill, hasta amistades comprometedoras como la esposa de Mao, pasando por actividades de alto riesgo como ser agente de la CIA o ayudar a Oppenheimer a crear la bomba atómica. Sin embargo, esta vez, en su enésima aventura, cuando creía que con su jubilación había llegado la tranquilidad, está a punto de poner todo el país patas arriba”.



Como se aprecia, bien a las claras, en el resumen argumental de “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” de Jonas Jonasson, la narración está estructurada en dos planos temporales y narrativos bien distintos y estancos entre sí. Por un lado, el relato en presente de la alocada y surrealista huida del centenario Allan Karlsson de la residencia de ancianos, precisamente el día que cumplía 100 años, que en mi opinión es claramente superior al otro relato, que sería la narración, en pasado, de la vida de Allan Karlsson, prácticamente desde su nacimiento y cómo, sin comerlo ni beberlo, se convierte en un hombre clave e imprescindible de toda la Historia Universal del siglo XX. Esta trama, por así llamarla, me ha resultado la más irregular, con algunos momentos bastante logrados, pero, por el contrario, con algunos trozos bastante aburridos únicamente haciendo uso del recurso del humor zafio y fácil. En cualquier caso y en general reconozco que en algunos momentos es inevitable que se escape alguna sonrisa, por lo absurdo de las situaciones, pero, como ya refería al principio, el texto, más o menos a partir de la mitad de libro, se le empieza a ir de las manos al autor y me resultó predecible y repetitivo. Estamos, de nuevo, ante otro ejemplo más de novela a la que le sobran un buen número de páginas (digamos que la mitad). Como ya comenté en alguna reseña anterior parece ser que, desde un punto de vista de la política editorial, resulta más interesante una novela muy voluminosa que una novela de pocas páginas y por eso, la mayoría de las novelas se ve que han sido “engordadas” artificialmente. En concreto esta novela, en mi opinión, con la mitad de páginas y enfatizando más la trama argumental de la huida por toda Suecia del anciano y su “trouppe”, hubiese ganado literariamente muchos enteros.



Aún tratándose de una novela en clave de humor, no por ello Jonas Jonasson deja de utilizar la ironía para hacer una demoledora crítica de la sociedad actual y, como ya hemos visto en otras novelas ya reseñadas, cómo la crisis está golpeando los cimientos de la sociedad y a los estamentos más débiles. También el autor toca temas realmente duros de la reicente historia de Suecia, como por ejemplo, todas las prácticas de esterilización masiva que tuvieron lugar siguiendo una lamentable política eugenésica. De esta crítica social y al hilo de la crisis en que vivimos inmersos, no me resisto a citar y transcribir un breve ejemplo de esa ironía mordaz de que el autor hace gala.



“De pronto, Benny se había visto obligado a buscar trabajo. Sin embargo, él, una de las personas más formadas de Suecia, no lo consiguió, pues el mercado laboral parecía preferir los estudios demostrados a los récords de años cursados. Así pues, aunque tenía por lo menos diez carreras superiores casi terminadas, al final Benny tuvo que invertir en un puesto de salchichas para tener algo a qué dedicarse”.



Lo interesante de esta novela es la visión que Jonas Jonasson nos ofrece de Suecia. Desde un punto de vista literario estamos muy acostumbrados a la visión que, sobre todo, nos ofrecen los autores de novela negra y resulta, francamente, interesante y “desengrasante” esta visión de aquella sociedad.

 
Si profundizamos un poco más en el análisis literario de la novela, vemos que literariamente es muy pobre y es evidente la falta de recursos técnicos por parte del autor. Esta falta de recursos es lo que hace que, en mi opinión la novela termine por naufragar y, una vez pasada la sorpresa del magnífico arranque del texto, el autor se ve falto de recursos para mantener durante 400 páginas esa fuerza del comienzo, cosa más que comprensible en autor novel.  Aunque se trata de una novela fundamentalmente de humor, esto no debería de ser óbice para que reúna un mínimo de condiciones artísticas. Una novela por ser de humor, no da derecho a cualquier tipo de dislates e incongruencias sin fin para justificar la “gracieta” o el chiste de turno. Todo este cúmulo de despropósitos se aprecia con meridiana claridad en el burdo y lineal diseño y creación de los personajes, especialmente patético es el trazo chusco con el que el autor nos pinta a “los malos”.  De hecho, por increíble que pueda parecer, el propio protagonista, el centenario Allan Karlsson, cuando termina la novela nos queda la sensación de que tampoco le hemos conocido mucho (me refiero en la trama de la huida por toda Suecia).



Respecto a la escritura es meramente funcional y el diseño de las escenas es más propio de una “sitcom” americana, esas de las risas enlatadas,  que de una novela. La puesta en escena de las situaciones únicamente busca encadenar una sucesión de sketchs y en algunos casos, francamente, muy forzados. Evidentemente Jonas Jonasson cuando escribió esta novela, es obvio que no pretendía pasar a la Historia de la literatura, sino vender libros.



Como comentaba al principio me he sentido muy desilusionado conforme avanzaba en la lectura de la novela. Al comienzo reconozco que me quedé muy gratamente sorprendido por su frescura, su novedad y su planteamiento francamente original. Tuve esa sensación de encontrarme ante algo diferente a esta literatura actual, prácticamente hecha en serie (¡¡afortunadamente no en todos los casos!!), pero lamentablemente fue un espejismo, porque “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” termina banalizándose y haciéndose aburrida y repetitiva. Y, la verdad, me ha dado pena porque pensaba que este libro podía ser diferente y aportar algo nuevo, pero, en mi opinión, se queda únicamente en un texto fallido que a medida que avanza hace más evidente su naufragio.



En esta reseña, al contrario de lo que me suele ocurrir, no voy a tener problemas para no alargarme en exceso, porque su análisis, honestamente, no da para mucho más.



Teniendo en cuenta todo lo referido con anterioridad e intentando ser lo más fiel posible a mi conciencia y a modo de entender la literatura, creo que la puntuación más adecuada y ajustada para, en mi opinión, hacer justicia a “El abuelo que saltó por la ventana y se largo” del escritor sueco Jonas Jonasson sería de un 5,75/10.

© Luis Alberto Cao

(A modo de ilustración a esta reseña os dejo un interesante documental sobre Suecia) 



sábado, 26 de mayo de 2012

La vida después. Marta Rivera de la Cruz




Título: La vida después.
Autor: Marta Rivera de la Cruz
Editorial: Planeta
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos
ISBN: 978-84-08-10477-3
Fecha de publicación: Mayo de 2011
Páginas: 400.




“Sé que tuvisteis una relación perfecta. Una relación envidiable, sin malas historias, sin malos recuerdos. Una delicia. Pero lo vuestro fue fácil, Victoria. Lo difícil fue lo mío... Es muy sencillo llevarse bien con alguien que puede coger la puerta y marcharse en cualquier momento, le dijo. Lo complicado son las relaciones a tiempo completo. La convivencia en una palabra”( La vida después. Marta Rivera de la Cruz).




He querido encabezar esta reseña, con este fragmento de la novela que, en mi opinión, resume muy acertadamente una de las tesis que Marta Rivera de la Cruz mantiene en “La vida después”, la novela que me dispongo a analizar y reseñar. Para ser honesto, como siempre intento serlo con mis lectores, empezaré por reconocer que esta es una de las novelas que me están resultando más difíciles de escribir su reseña, como explicaré al final de ella. A modo de una primera toma de posición, tengo que reconocer que me he quedado un poco decepcionado tras leer la novela, probablemente porque esperaba más de ella. Tal vez porque contaba con la referencia de haber leído su libro “En tiempos de prodigios” que me parecía una más que notable y prometedora novela.  En el caso de “La vida después” este relato me ha dado la sensación, por supuesto en mi subjetiva opinión, de una cierta “improvisación” en su factura; que no es lo mismo que “frescura”. Sin embargo, como iré desgranando más abajo con detalle, también he encontrado aspectos muy interesantes y positivos, que nos muestran que Marta Rivera de la Cruz es una escritora que conoce bien el oficio y poseedora de recursos técnicos, aunque, insisto, creo que en esta novela no ha sabido encontrarle “el punto” al relato y, tal vez, se ha difuminado en las múltiples subtramas que conforman la novela que, en mi opinión, hacen de “La vida después” un texto de menor calidad artística en comparación, por supuesto, con, en mi opinión su mejor novela, “En tiempos de prodigios”.



Como viene siendo habitual, creo que en este momento y con la finalidad de situar al eventual lector de estas líneas, lo más adecuado y pertinente, será pergeñar, eso sí, de un modo somero, la sinopsis argumental de “La vida después” de la escritora gallega Marta Rivera de la Cruz. Me he permitido transcribir literalmente la recensión del libro que nos ofrece la propia editorial Planeta.




“Victoria lleva en Nueva York la que parece una vida envidiable: da clase en la universidad, tiene un marido rico y guapo y un ático en el Upper East Side. Cuando recibe la noticia de la muerte de Jan, su mejor amigo, regresa a Madrid para asistir al funeral. Allí se encontrará con la sofisticada Chloe, antiguo amor de Jan; con su hija, la rebelde Solange; con Marga, su esposa; con su excéntrica suegra, Shirley… Un giro de los acontecimientos obligará a Victoria a permanecer en Madrid, donde tendrá que enfrentarse a la desconfianza de cuatro mujeres que nunca creyeron que su amistad con Jan fuese del todo sincera.
La vida después es una novela sobre los amigos y el afecto, y también sobre las relaciones entre mujeres. Una historia en torno al complicado mapa de los sentimientos donde hay lugar para los conflictos, los celos y la envidia, pero también para el cariño, la lealtad y la entrega.
En estas páginas, Marta Rivera de la Cruz –la novelista de las cosas pequeñas– vuelve a traernos una historia de ternura sobre la que gravita una pregunta fundamental: ¿es posible que dos personas de distinto sexo se quieran sin amarse? ¿Pueden un hombre y una mujer ser nada más que amigos?”




“La vida después” es una novela, tejida sobre varios relatos que se van imbricando entre ellos. Y algunos de esos relatos, llamémosle subtramas, me han resultado más interesantes que la propia trama principal. Por así decirlo esas subtramas, principalmente la que hace referencia al personaje de Arvid Söderman, quedan “cortas” porque hubieran tenido entidad más que suficiente para haberse desarrollado, temáticamente, incluso en una novela. De ahí mi impresión de esa, por así llamarla, sensación de “improvisación” porque no he tenido la percepción de estar ante una novela redonda, plena, rematada, sino más bien ante la yuxtaposición, más o menos adecuada, de una serie de relatos anidados. Por otra parte, no me ha gustado el final de la novela. Me ha parecido demasiado forzado e increíble, un poco metido con calzador, buscando ese inevitable “happy-end”. Del mismo modo la rápida progresión de los personajes, principalmente de las cuatro mujeres protagonistas, me ha resultado demasiado rápida y el reflejo de sus cambios de actitudes personales apenas esbozados. Me explico. Al principio de la novela vemos que hay una serie de “situaciones complicadas” entre las protagonistas, por distintos motivos, sin embargo, asistimos a que al final toda esa problemática ha sido superada, pero la autora, en mi opinión, no entra al fondo de un modo explicito en ese proceso de “superación”. Es paradigmático el caso del personaje de Solange, la hija de Jan, que se prestaba a un amplio desarrollo narrativo, por su peso específico en el relato y que, sin embargo, queda infravalorado, a mi modo de ver, y apenas esbozado, en comparación con todo el jugo que el personaje parece demandar, dentro de la historia que la autora nos cuenta.



Me ha gustado el planteamiento formal que Marta Rivera de la Cruz nos propone a la hora de poner voz al narrador. Vemos que, en principio, se trata de un narrador en tercera persona, omnisciente, pero, y he aquí el acierto de la autora, que nos permite conocer los pensamientos íntimos de la protagonista, que en primera persona se van alternando con la voz del narrador. Vemos aquí un ejemplo, como comentaba un poco más arriba, del uso del oficio por parte de la autora y cómo de este modo, nos ayuda a subjetivar y “humanizar” el relato principal.


 
En “La vida después” Marta Rivera de la Cruz nos disecciona, casi con escalpelo, esa relación que tienen Victoria y Jan. Una relación entre ambos exclusivamente de amistad, de una amistad pura, en la que no ha habido “contaminación” por relaciones sexuales. Y cómo resulta imposible de comprender por todas las personas que les rodean, incluyendo, por supuesto, a sus respectivos novios y parejas. En este lúcido análisis, la autora indaga, con una aguda penetración psicológica, los entresijos de porque las relaciones de amistad, sufren mucho menos que las relaciones sentimentales... y de por qué se deterioran mucho antes. Especialmente me gustaría reseñar y elogiar una magnífica escena que tienen las dos protagonistas Victoria y Marga, la que fue la mujer de Jan, mientras están en el dormitorio de ellos. Me voy a permitir transcribir un fragmento de esta parte de la novela, que, por cierto, también me ha servido de marco para iniciar esta reseña,  en el que la autora, con mucha habilidad, pone el dedo en la llaga.



“Sé que tuvisteis una relación perfecta. Una relación envidiable, sin malas historias, sin malos recuerdos. Una delicia. Pero lo vuestro fue muy fácil, Victoria. Lo difícil fue lo mío.
Era lo último que Victoria esperaba escuchar. Se sentó en una butaca de cuero marrón, sin poder apartar los ojos de Marga, que había abierto de una patada la caja de los truenos y no parecía dispuesta a cerrarla. Es muy sencillo llevarse bien con alguien que puede coger la puerta y marcharse en cualquier momento, le dijo. Lo complicado son las relaciones a tiempo completo. La convivencia, en una palabra. (...) Hacer frente a la intimidad con mayúsculas... ése es el verdadero reto. Esquivar a diario las trampas de la convivencia y la rutina. Ah, claro, Victoria y Javier nunca se habían peleado... ni siquiera habían cruzado una palabra más alta que la otra. Pero  es que ellos dos no habían compartido el inmenso montón de miserias cotidianas a las que tiene que enfrentarse a diario cualquier matrimonio. Es fácil no discutir cuando no hay ropa sucia en el cesto, platos en el fregadero, luces encendidas a deshora, colillas mal apagadas, tubos abiertos de pasta de dientes o tapones de champú desenroscados. Cuando no hay hijos que educar, familias políticas que presionan, deudas que asumir, futuro que encarar. ¿Cuál era el universo común de ellos dos, los perfectos amigos? Un montón de libros, algunos viajes caros, intereses comunes, botellas de whisky o copas de dry martini, cotilleos, planes  de trabajo... Las preocupaciones severas de uno jamás repercutían directamente en el otro, de forma que era muy sencillo convertirse en un hombro sólido en el que llorar cada vez que alguno de los dos lo necesitaba”.



Como avanzaba con anterioridad, creo que esta novela peca de un exceso de material temático. De esta novela, perfectamente, se podía sacar material para escribir por lo menos tres novelas. Algunas de las subtramas, especialmente la de  Arvid Sodërman y Greta Garbo, como sugería más arriba, tienen entidad para independizarse en una novela propia. Esta abundancia de material temático es lo que, produce, bajo mi punto de vista, esta sensación de improvisación, de que suceden demasiadas cosas que, aparentemente, nos alejan del relato principal. Y también esa sensación de “falta de plenitud” porque estas narraciones no acaban de “cerrase” en sí mismas. Lo peor de todo es que probablemente la trama principal sea, desde un punto de vista narrativo, la más floja de todas ellas. A excepción de algunos momentos “puntales”, como el ya referido y trascrito diálogo entre Victoria y Marga, me ha parecido bastante lineal y, por momentos, insulso.



A modo de resumen diré que después de haber leído prácticamente toda la obra de Marta Rivera de la Cruz, y además tengo que reconocer que es una autora que me interesa literariamente hablando, esto no es óbice para que, honestamente crea, que “La vida después” es, probablemente, su novela más floja. Y, de verdad  que lo siento. Sin embargo estoy seguro de que en su próxima novela Marta Rivera de la Cruz, que me consta que es una escritora de talento, se sobrepondrá, con toda seguridad, a este bache en su carrera literaria.



Dicho todo lo cual, y atendiendo a todo lo referido con anterioridad en esta reseña e intentando ser lo más fiel a mi manera de entender el arte literario, creo que la puntuación que más justicia haría a “La vida después” de la escritora  gallega Marta Rivera de la Cruz sería de un 6,00/ 10.

© Luis Alberto Cao




domingo, 20 de mayo de 2012

Gataca. Franz Thilliez.


Título original: Gataca.
Autor: Franck Thilliez.
Traducción: Joan Riambau Möller.
ISBN: 978-84-233-4581-6
Editorial Destino.
Colección Áncora & delfín.
Páginas: 656.
Fecha de publicación: 12 de enero de  2012.



“ Los muertos pueden estar vivos. Basta con creer en ellos y regresan”.

“La evolución es una excepción. La regla es la extinción” (Gataca. Franz Thilliez)




“Impactante, turbadora y profundamente desasosegadora. He querido empezar esta reseña de la novela “El síndrome E” del escritor galo Franck Thilliez, con estos epítetos. Epítetos que reflejan mi estado de ánimo después de su lectura. Este es un thriller que apela directamente a las vísceras, un auténtico torpedo en la línea de flotación. Un libro que al terminar su lectura obliga a detenerse y pensar, sobre la carga de profundidad que se halla en su interior”. He querido iniciar esta reseña de la novela Gataca del escritor galo Franz Thilliez, citando, textualmente, el comienzo de la reseña que escribí, en concreto el día 31 de enero de 2012, en este blog, cuando reseñé la novela “El síndrome E” del mismo autor. Ayer, cuando terminé la lectura de “Gataca” me sentí tremendamente impactado. Sí impactado porque tuve la sensación de haber leído una grandísima novela, perfectamente desarrollada e impecablemente resuelta. Una novela que cierra y ata todos los cabos que han quedado abiertos. Un auténtico mecanismo de relojería, que sin estridencias, funciona a la perfección.



Como suele ser habitual en mí, he tenido que dejar reposar durante un día la novela, antes de sentarme ante el ordenador para redactar esta reseña y, tal vez, más que nunca ha sido necesario con el fin de poder reposar y analizar del modo más desapasionado posible esta impactante novela que tengo que reconocer que, por momentos, me ha impactado. Y estoy convencido,  que al igual que en su anterior, “El síndrome E”, en esta Franz Thilliez no va a dejar indiferente a ningún lector. Más adelante me detendré en un análisis más exhaustivo de la novela, pero en principio, y con la finalidad de situar un poco al eventual lector de esta reseña, voy a transcribir la somera sinopsis argumental que nos suministra la propia editorial Destino, sobre esta novela.



“Un padre infanticida apuñalado en su coche en el bosque de Vincennes. El cadáver de una estudiante de biología descubierto en la jaula de un primate, aparentemente asesinada por uno de los animales. Los restos de una familia de neandertales a los que mató un cromañón hallados en una grieta en la cumbre de un macizo alpino. El asesino de niños Grégory Carnot encontrado muerto en su celda. Un médico obstetra que investiga sobre genética salvajemente asesinado en su domicilio de Montmartre. ¿Qué invisible hilo une estos crímenes atroces, cometidos con 30.000 años de diferencia?. 


Destrozada por una terrible pérdida, devorada y espoleada por el odio, Lucie Henebelle se lanza sobre la pista de los asesinos junto a Franck Sharko, igualmente incapaz de olvidar la terrible experiencia vivida. Una investigación que, a través de la genética, les conducirá a las raíces del mal”.



Franz Thilliez, según nos cuenta él mismo en el “a modo de conclusión” al final de la novela, concibió tanto “El síndrome E” como “Gataca” como un díptico sobre la violencia, me voy a permitir, dado su interés transcribir sus palabras, con la finalidad de enmarcar y delimitar el alcance de nuestro análisis, así cómo la finalidad que persiguió Thilliez a la hora de escribir este díptico de la violencia.


“La escritura de este díptico me ha dado ocasión para reflexionar acerca del tema de la violencia. ¿De dónde procede? ¿Cuáles son sus cimientos, sus orígenes profundos? ¿Puede afectar a cualquiera y en cualquier momento? El síndrome E se interesa particularmente por la violencia en nuestra sociedad contemporánea y la manera en que se extiende entre los individuos del planeta, dejando de lado, voluntariamente, el factor cronológico. Calificaría ese procedimiento de «vertical»: dilución en el espacio y no en el tiempo. Con Gataca quería abordar el otro eje, el eje horizontal o cronológico, que abarca varios milenios. ¿Cómo ha evolucionado la violencia desde los primeros hombres hasta nuestra civilización moderna? ¿Por qué medios se propagó? ¿Genéticos o culturales?”



En primer lugar, me gustaría comentar, que “Gataca” me ha gustado aún más que “El síndrome E”. Me ha parecido una novela más rematada, más verosímil, en algunos aspectos y, como siempre, con un gran dominio del “tempo” narrativo. Desde un punto de vista estrictamente formal, que no estilistico, y al menos esa es mi opinión, resulta evidente una maduración en la técnica de escritura del autor y en su manera, sobre todo, de avanzar en el diseño y en el dibujo de los personajes. Toda esa relación entre el comisario Frank Sharko y Lucie Henebelle, esa historia entre esos dos personajes fracasados, decepcionados y asqueados con la vida, está perfectamente construida. Y de hecho, de alguna manera, nos sentimos participes de esa relación en una permanente tensión de amor-odio. Y como ambos personajes han sido zarandeados por la maldad humana, en sus más diversas acepciones.  Creo que antes de avanzar en esta reseña, sería conveniente advertir al lector, que para leer “Gataca” no es estrictamente necesario, aunque sí sería deseable, haber leído la novela anterior. “Gataca” tiene una cierta autonomía temática respecto a la anterior novela y resulta inteligible per se. La novela está narrada en tercera persona, pero en este caso, no encontraremos la habitual figura del narrador omnisciente. El narrador de “Gataca” narrará en presente y, por así decirlo, “conocerá” los sucesos al mismo tiempo que los personajes y el lector. Esto es, el narrador, no estará por encima de la narración.



Otro de los detalles que me han parecido más destacables y por eso no me resisto a  comentarlo aquí, es que a pesar de tratarse de una novela de género negro me ha resultado muy instructiva y muy trabajada desde un punto de vista documental. El propio Thilliez nos comenta, a modo de ejemplo, que “la mayoría de los fenómenos científicos descritos en esta obra son verdaderos. Por increíble que pueda parecer, la lateralidad y la violencia están relacionadas. Eso no significa que los zurdos sean más violentos, simplemente que son más numerosos en las sociedades violentas”.



No podemos dejar de considerar que “Gataca” es una novela escrita y concebida para ser un bestseller. Y bajo esta premisa, que resulta evidente tras su lectura, es como tenemos que intentar enjuiciarla. El lenguaje que utiliza Franz Thilliez es, meramente instrumental, funcional, sin ninguna pretensión artística, cosa lamento que sea así y que echo de menos. El autor no pretende escribir con un depurado estilo literario, lo único que pretende es embarcarnos, en un relato muy bien hilvanado, eso sí, y, como comenté más arriba, sobre todo muy bien resuelto. Cuando leí “El síndrome E” ya me dio esa sensación pero tras leer “Gataca” me puedo reafirmar en que Franz Thilliez es, en mi opinión, el Dan Brown europeo. Sus obras están escritas bajo un mismo patrón estilístico y formal,  así como por su manera de narrar y enlazar las tramas y subtramas que conforman la novela. En cualquier caso, Franz Thilliez es un buen conocedor del oficio de la escritura y sabe, como pocos, dosificar y llevar en volandas al lector. Tal vez parte de ese éxito lo tenga su modo de narración casi cinematográfica, con un continuo uso de una gramática más propia del cine, que de la propia literatura, pero que se rebela como altamente “valiosa”.



 
En esta primera parte de la reseña he analizado, eso sí y por desgracia muy por encima, la parte estilística o formal de “Gataca” ahora me gustaría profundizar un poco más en el fondo de esta novela. Al cerrar este libro, al igual que pasó con “El síndrome E” me ha quedado la sensación de no saber exactamente dónde termina la realidad y dónde empieza la imaginación del escritor. Y tengo que decirlo de un modo francamente admirativo. La realidad y la ficción están tan perfectamente imbricadas en la novela que resulta difícil discernir y separar la una de la otra. En algunos casos he tenido que buscar referencias en google, ante la duda de si era verdadero o fruto de la imaginación de Thilliez, lo que aparecía en el libro. Por ejemplo este pasaje fue uno de los que más dudas me ha suscitado al respecto.



“En los deportes muy interactivos, en los que el enfrentamiento puede ser considerado como una particular forma de combate, la presencia de zurdos alcanza casi el 50 por ciento. Ya sea el boxeo, la esgrima o el judo. Cuanto más se alejan entre sí los adversarios, más disminuye esta proporción. Es importante también en el ping pong, por ejemplo, pero vuelve a la proporción normal en el tenis y en los deportes colectivos, en los que esta noción de interactividad es menor”.



La hipótesis que nos plantea Thilliez en la novela, no me voy a explayar mucho para no reventarla a los posibles lectores, a los que se la recomienda encarecidamente, ya es avanzada en “El síndrome E” y nos habla de la supuesta existencia del “gen de la violencia” (conocido como síndrome XYY). En “Gataca” el autor nos va a llevar, de la mano, desde la prehistoria con el hombre de Cromañón, hasta la actualidad pasando por las tribus más prehistóricas y aisladas que aún sobreviven en el Amazonas. Y Thilliez con su maestría y su talento nos mostrará que todo esto, tan aparentemente dispar, tiene una relación y una congruencia en el crimen que Sharko y Lucie están investigando.



Una vez más en “Gataca” Thilliez nos acompañará a través de la ignominia y del lado más oscuro y deleznable del ser humano, en un viaje a la violencia más atávica que pueda imaginarse. La novela está repleta de escenas de una violencia espeluznante, que tal vez pueda resultar gratuita, pero, en mi opinión, no es así de ninguna manera. Toda esa violencia está plenamente justificada en el propio relato. También al igual que “El síndrome E” en “Gataca” el autor nos alertará sobre los peligros del uso no ético de la ciencia. La ciencia debe estar sometida a la ética. Cuando no se cumple esta máxima entonces se llegan a las atrocidades que se ven en la novela y que, por desgracia, en la historia han quedado patentes y manifiestas.


En las escenas más “románticas” o más de sentimiento que tienen Frank Sharko y Lucie Henebelle, están narradas con una exquisitez y un, por así llamarlo, pudor que, inserto en esa violencia que continuamente subyace en la novela, provoca un interesante efecto artístico.


Por último me gustaría hacer referencia a cómo Thillliez nos narra el final de la novela, con una gran maestría, planteándonos un relato en paralelo entre lo que le ocurre a Lucie y por otra parte el interrogatorio de Sharko. Escena muy técnicamente complicada de narrar, resuelta con mucha maestría por parte del autor. Por cierto, alguno de los lectores de esta reseña se preguntarán del por qué del este extraño título para la novela... La razón es porque las letras G,A,T,C hacen referencia a la secuencia del ADN.



A modo de resumen, y para no alargarme mucho más, cosa que lamento en esta ocasión especialmente, porque esta novela da para un exhaustivo y prolijo análisis y comentario, creo que “Gataca”, a pesar de tratarse de un auténtico bestseller, es una novela interesante, amena y altamente adictiva y de una fácil lectura. A pesar de ser una novela de más de 600 páginas no se hace aburrida para nada, gracias  a que está escrita con un gran sentido del ritmo narrativo, que no da un instante de respiro al lector. Otro de sus grandes méritos, como ya comenté más arriba, es que resulta veraz y creíble en todo momento, haciéndonos dudar de dónde terminar la realidad y empieza la fantasia. Novela que funciona como una perfecta maquinaria de relojería donde todos los engranajes funcionan a la perfección. Y además está perfectamente resuelta atando todos los cabos que se han ido abriendo en su desarrollo. Por el contrario, sin embargo, me ha parecido escrita con un estilo demasiado utilitarista y a veces, incluso, demasiado pobre y descuidado. Una pena, sin duda alguna, porque de ser una novela muy buena, por estos y otros detalles queda sólo en una novela muy interesante.


Por lo tanto y a la vista de todo lo expuesto más arriba y considerando todo lo esgrimido con anterioridad creo que, según mi manera de entender el arte literario, la puntuación más ajustada a la hora de enjuiciar y valorar la novela “Gataca” del escritor galo Franz Thilliez, sería de un 7,25/10.

Reseña de la novela "El síndrome E" en "Las bizarrías de Belisa":

http://www.bizarriasdebelisa.com/2012/01/el-sindrome-e-franck-thilliez.html

© Luis Alberto Cao